Durante estos días uno de los temas de conversación más recurrentes en los grupos de padres y madres son las notas de los/as hijos/as. “Al mío le han quedado tres, no sé qué le pasa”, “Lo que me preocupa es que el verano se convierte en una batalla diaria para conseguir que se ponga”, “No sabemos si quedarnos en casa en lugar de irnos de vacaciones”, “dudamos sobre qué será mejor, si apuntarle a una academia, que se lo trabaje sólo/a, contratar un profesor/a particular”… Ni sacando buenas notas se disipan las dudas: “No sé si conviene que siga haciendo tareas”, “Quizá venga bien irle enseñando temas del próximo curso”, “¿Será más conveniente  dejarle a su libre albedrío? ¿No se aburrirá con tanto tiempo libre?”…

En nuestro ánimo por ayudar, hemos escrito esta entrada. Pero si esperabas encontrar la fórmula mágica, lo lamentamos, no sigas leyendo. Aquí sólo encontrarás algunas pinceladas para aprender a valorar el aprendizaje más allá de las notas y algunas recomendaciones que esperamos te ayuden a encontrar la fórmula mágica para tu hijo/a, aquella que le haga sacar a la luz sus talentos, le facilite el proceso de aprendizaje y le permita seguir disfrutándolo a lo largo de la vida.

No evalúes sus capacidades sólo en función de las notas

Las notas no lo son todo, hay mucho por descubrir más allá de las notas… En ellas se evalúa las habilidades y conocimientos adquiridos durante el curso pero no dan toda la información sobre sus talentos, ni condicionan su futuro. Mientras que las habilidades son las capacidades para hacer las cosas bien, los talentos revelan lo bien que pueden llegar a hacer algo.

Potencia sus habilidades

Trata de poner a su alcance experiencias y problemas cotidianos para que experimente. A medida que descubra habilidades, irá comprobando qué cosas le producen placer. La motivación proviene del talento, que es aquello que nos hace brillar. Todas las personas brillamos en algo y se trata de intentar descubrirlo. Puede que durante las vacaciones descubras que le encanta nadar, ir al campo a observar animales, pintar, tocar algún instrumento, relacionarse con otros/as, contar chistes, jugar a juegos de mesa, hacer deporte… A través de los talentos le ayudarás a sentirse más motivado/a, seguro/a y más capaz de afrontar cuestiones que le parezcan difíciles. Aprovecha el verano para que haga esas actividades que despiertan sus talentos e intenta organiza el próximo curso de manera que pueda seguir cultivándolas dentro o fuera del horario escolar.

Descubre sus centros de interés

Cada niño/a suele mostrar interés por unos temas, intenta descubrir sus centros de interés y utilízalos como vehículo para aprender los contenidos y habilidades del currículo escolar. Por ejemplo, si le interesa mucho el fútbol y necesita entrenar lectura, busca libros de esa temática. Si lo que le gusta cocinar, saca de la estantería los libros de recetas que tengas por casa y explícale las unidades de medida usando los ingredientes. Si le gusta el teatro, podréis montar un espectáculo y trabajar, por ejemplo, lengua y literatura a través del guión, matemáticas con el presupuesto, artes plásticas en el vestuario y el atrezzo, geometría y dibujo técnico mientras diseñáis el decorado, etc.

Adapta las materias a su estilo de aprendizaje

Y es que cada persona tiene un estilo de aprendizaje: el visual/espacial aprende más fácilmente usando imágenes, dibujos, figuras, mapas mentales, etc. El intrapersonal/solitario prefiere trabajar y estudiar de forma individual, así se concentra más. El interpersonal/social rinde y aprende más en la interacción con los demás, trabajando en grupo, comentando los temas, etc. El que tiene un estilo lógico/matemático aprende más llevando a cabo procesos lógicos, razonamientos que le lleven a conclusiones. La persona con estilo físico/kinestésico interioriza mejor utilizando el cuerpo, las manos, el tacto y el movimiento para aprender. El verbal/lingüístico aprende mejor a través de la palabra hablada o escrita. Por último, el auditivo/musical aprovecha más cuando escucha lo que ha de aprender y cuando lo relaciona con ritmos.

Conocer el estilo de tu hijo/a te ayudará a entender sus necesidades. Si tu hijo/a tiende al estilo físico/kinestésico, estar sentado/a en una silla hasta que se aprenda la lección de anatomía será una batalla perdida, mejor que aprenda bailando, así podrá  asociar los movimientos con los huesos y los músculos. Mientras que si es más de estilo visual/espacial, le resultará más fácil aprenderlo viendo dibujos. Si su estilo es verbal/lingüístico, le vendrá fenomenal grabarse explicándolo y escuchar la grabación. A la persona con estilo de aprendizaje interpersonal se lo podrás más fácil si le permites que haga un trabajo con otros/as.

Ten en cuenta que cada estilo no es excluyente de los demás, la misma persona aprenderá más fácilmente utilizando un estilo u otro en función del tipo de contenido o habilidad. Por ejemplo, aunque tenga más tendencia al estilo lógico-matemático, podemos pensar que le resultará más sencillo aprender los ríos de España entendiéndolos, quizá para ese tipo de materia le ayuden más los recursos visuales o musicales, o incluso un combinado de varios.

Utiliza todos los recursos que se te ocurran

Hay vida más allá del libro, papel y bolígrafo. Los juegos, las manualidades, las nuevas tecnologías, documentales, visitas a museos, comprobar en la realidad lo que se está aprendiendo, practicarlo en las actividades cotidianas… Todo lo que se aprende asociado a emociones, vivencias y movimiento se adquieren mejor. Intenta incorporar lo que esté dentro de tus posibilidades. Si está estudiando las grandes civilizaciones, adquirirá un aprendizaje más significativo si hacéis una visita al Museo Arqueológico Nacional que si pasa horas delante de un libro. También podrá ayudarle visitar ciudades que tengan ruinas, ver documentales o buscar en Internet.

Refuerza los aprendizajes en lo cotidiano. Si quieres reforzar los aprendizajes adquiridos durante el curso, no es obligatorio comprar un cuadernillo de verano, ya que también puedes hacerlo a través de las actividades cotidianas, como reforzar la adquisición de la escritura realizando la lista de la compra o escribiendo cartas o postales a amigos/as, reforzar expresión escrita haciendo un diario de verano, o sumar y restar con las vueltas de la compra.

Flexibiliza su capacidad de atención

Puede que su capacidad de atención no encaje en los objetivos marcados. Los hijos e hijas nacen en un mundo sobrecargado de tecnologías a través de las que reciben estímulos e información variada, y si se cansan, pasan a otra cosa y solucionado. Las clases requieren unas estrategias que no suelen entrenar en su vida cotidiana: han de estar en silencio, sentados y sin distraerse, atendiendo a la explicación de un/a profesor/a que no en todas las ocasiones se apoya en material… Puf, ¡eso requiere mucho esfuerzo!

Ya que, por el momento, el sistema educativo no suele adaptarse a las características de los aprendices (aunque cada vez hay más conciencia de las necesidades de cambio, aún queda mucho camino por recorrer), quizá puedas ayudar a tu hijo/a entrenando su capacidad de atención sostenida. Se calcula que el tiempo que una persona puede mantenerse atenta en una actividad es su edad más 2 (Atención sostenida = edad cronológica +2). Teniendo en cuenta esta fórmula, un/a niño/a de 5 años podrá estar atento/a a una actividad 7 minutos. A partir de ese tiempo, necesitará descansar cambiando de tarea. Por más que te empeñes en que esté más tiempo, no hay nada que hacer, ya que el cerebro no está preparado para aguantar más, lo único que conseguirás es cansarle más y dificultarle que retome la actividad.

Organiza los tiempos de tareas teniendo en cuenta esta característica. Que haga una ficha, descanse 5 minutos, que lea unas páginas de una libro y se vaya a jugar, que retome y haga cálculo, para después dar unos toques al balón, … Aumenta progresivamente el tiempo.

Relaciona el estudio con emociones positivas

Se aprende mejor con emociones positivas. Intenta que el momento de estudiar, hacer tareas o aprender, esté asociado a tranquilidad, diversión, alegría, superación, calma… Porque el cerebro está abierto a aprender cuando está en calma y no ha de ocuparse en otros menesteres. Si la situación de aprendizaje activa en tu hijo/a emociones como miedo, ansiedad, tensión, frustración,… Su cerebro estará ocupado en pensar en estrategias para luchar contra la situación o lograr huir de ella. Puedes facilitar que el momento de aprender sea positivo realizando alguna técnica de relajación antes de empezar, recordando a tu hijo/a que superando dificultades también se aprende, poniendo un tiempo de estudio que se adapte al momento en que él/ella tenga la sensación de que se concentra más, reforzando el esfuerzo y tratando los errores como mecanismo de aprendizaje.

Intenta no bloquear la creatividad

Permite que explore límites, facilita que se relacione con personas de su edad, que realice actividades al aire libre todos los días, tiempo de juego libre, que observe y haga las cosas a su ritmo… Que mantenga despierta la curiosidad innata. Si se queda observando una hormiga durante media hora, que lo haga, ya que, si para él/ella es importante, es que lo es. No vigiles a tu hijo/a mientras está solo/a, porque si se siente observado/a su capacidad creativa se apagará.

Aprende técnicas de estudio y de aprendizaje

A veces, la exigencia de aprendizaje va en aumento pero los/as estudiantes no van adquiriendo estrategias para aprenderlos. En ese caso, puede que le convenga aprender técnicas y estrategias de aprendizaje. En Terapia y Más ofrecemos sesiones de entrenamiento en técnicas de estudio y estrategias de aprendizaje. Puedes consultar la información en http://www.terapiaymas.es/coaching-en-tecnicas-de-estudio/

Si hay lagunas de comprensión y adquisición de contenidos y/o habilidades que dificultan avanzar en una materia, la opción de recibir clases de un/a especialista puede ser adecuada.

Fomenta el estudio en compañía

Un cerebro acompañado aprende más y más fácilmente que uno aislado. Aunque el estilo de aprendizaje sea solitario, olvídate de que no salga de su habitación hasta que no haya terminado, ya que una buena conexión con los demás facilita un buen aprendizaje. Por ello, las experiencias de aprendizaje cooperativo son más enriquecedoras y provechosas que el tiempo de estudio en solitario.

Mientras él/ella hace sus tareas, tú puedes hacer las tuyas como revisar facturas, leer, escribir, … También puede funcionar montar una “escuela de verano” con vecinos/as, compañeros/as de clase, hermanos/as o primos/as. Si a tu hijo/a le encantan las Matemáticas pero tiene dificultades en Lengua, puede buscar un compañero/a que esté en la situación contraria y que se den clases mutuamente.

Recuerdo que un verano ayudé con el Latín a una amiga a la que le había quedado para septiembre, preparando las clases aprendí más que en todo el curso y, además, aquellas clases se convirtieron en un momento muy especial para las dos, no nos daba ninguna pereza dedicar una hora al día en pleno mes de julio. ¡Y ni deciros el orgullo que sentimos ambas el día que le dieron la nota!

No planifiques todo su tiempo

El aburrimiento es necesario para que surja la creatividad, la fantasía y el pensamiento. Además, la auto-motivación se activa con la posibilidad de decidir lo que hacemos, cosa que es imposible si todo el tiempo está predefinido. Trata de que todos los días haya tiempo libre, en el que tenga en su mano la posibilidad de activar su parte lúdica y su imaginación. Recuerda que jugando también se aprende. Si se queja de que se aburre, no trates de saciar su demanda de forma inmediata, déjale que se aburra y que resuelva solo su problema activando sus propios recursos.

Evita la sobre-estimulación

En el caso del aprendizaje no funciona la fórmula de a más estimulación, más y mejor aprendizaje. El cerebro necesita periodos de “no hacer nada” para aprender, los momentos de poca actividad permiten conectar conocimientos y activar la creatividad. Estar todo el tiempo en acción no permite que el cerebro active la parte de introspección necesaria para aprender y crear. Procura que tu hijo/a tenga tiempos de inactividad a lo largo del día, para que pueda entrenar la capacidad de dejar que la mente vague a sus anchas. Intenta que cada día haya tiempos de desenchufarse de nuevas tecnologías.

Descansar, jugar, aburrirse, crear, relacionarse, estudiar, leer, experimentar, concentrarse, divagar, bailar, hablar, cooperar con otros/as…  Ayudarán a tu hijo a APRENDER A SACAR LA MEJOR VERSIÓN DE SÍ MISMO/A . Ayúdale a encontrar su fórmula mágica.

¡Felices vacaciones!

Julia Silva García. Psicóloga en Terapia y Más.

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