La realidad virtual ha llegado para quedarse. Empezó a usarse para entrenar a los pilotos pero ahora su uso está extendido a otras áreas de formación y a videojuegos. En los últimos años, nuevos desarrolladores han utilizado esta tecnología para la terapia psicológica. ¿Quieres saber cómo?

¿Qué es la realidad virtual?

La realidad virtual es una representación virtual de escenas para que parezcan reales. La persona que la usa se ve inmersa en esa situación e incluso puede moverse y explorarla. Funciona mediante un programa informático –software- que reproduce los entornos, unas gafas y auriculares que permiten al usuario percibir esa realidad; y distintos aparatos (periféricos) que aportan una mayor autenticidad (guantes, sensores, etcétera).

Por ello, la realidad virtual se utiliza mucho en videojuegos. Pero la ciencia se ha hecho rápidamente eco de sus ventajas, y actualmente se utiliza para la medicina, la aeronáutica, el entrenamiento militar, la creación artística, etc. ¿La has probado ya?

La realidad virtual permite a las personas una ruptura con el entorno físico habitual. Utilizándola, experimentan cómo es volar, una batalla, respirar bajo el agua, caminar por la luna… y sí, ya se ha utilizado para el porno. Su uso no tiene problemas, salvo quizá, alguna sensación leve de mareo las primeras veces que se utiliza.

¿Para qué se usa en la consulta de Psicología?

Reproducir un entorno controlado nos permite exponer a las personas a situaciones temidas, por eso es tan eficaz en el tratamiento de dificultades con la gestión de la ansiedad.

Nos explicamos rápidamente: muchas personas desarrollan fobias, es decir, una respuesta de ansiedad ante ciertos contextos que, por tanto, se tienden a evitar. Estas fobias suelen resultar muy incapacitantes hoy en día, como en el caso de la aerofobia (miedo a volar), la claustrofobia (miedo a estar en espacios cerrados) o la hematofobia (miedo a la sangre y a los pinchazos).

La terapia conductual siempre se ha mostrado como la más eficaz en el tratamiento de las fobias. La lógica es muy sencilla, como evitar una situación que da mucho miedo es beneficioso (porque nos relajamos), las personas aprenden a evitar esas situaciones y fortalecen sus miedos. La solución es obvia, hay que afrontar ese miedo. Sin embargo, aunque decirlo es fácil, no todo el mundo lo consigue. Por ello, la terapia conductual lleva más de un siglo utilizando dos técnicas de afrontamiento: la exposición (exponerse directamente a situaciones u objetos fóbicos hasta que nos relajamos) y la desensibilización sistemática (reproducir estas situaciones u objetos fóbicos en la imaginación entrenando la relajación).

En ambos casos, la realidad virtual permite reproducir de forma realista estas situaciones y objetos fóbicos para acelerar el proceso terapéutico. Y además, también se ha mostrado altamente eficaz en otros problemas de ansiedad mucho más complicadas o con más elementos como la fobia social, el miedo a hablar en público, la ansiedad generalizada y más.

Por ejemplo, Luis vino a terapia hace unos meses por su miedo a conducir. Tuvo un accidente de coche del que salió ileso, pero el coche quedó siniestro total. Estuvo unos meses sin conducir, y la siguiente vez que lo intentó sufrió un ataque de ansiedad. Desde entonces, dejó de conducir y poco a poco, incluso evitaba subirse en el coche de otras personas. En ese momento, sólo se movía andando y en metro y nos pidió ayuda.

El miedo a conducir y el miedo a montar en avión son dos de las consultas más frecuentes.

¿Cómo funciona?

Una vez evaluado e identificado el origen y mantenimiento del problema, se explica al paciente lo que ha ocurrido, se plantea un plan de tratamiento y se realizan las sesiones con realidad virtual.

Cuando terapeuta y paciente ya han entrenado la relajación y han elaborado previamente una lista con las situaciones que generan menos miedo o ansiedad, se comienzan las exposiciones con realidad virtual. El paciente se coloca las gafas y los auriculares para reproducir la escena y además, se coloca dos sensores en los dedos para que vigilemos la tasa cardiaca (esta técnica se denomina biofeedback). Y aquí empieza la magia: en las gafas él estará viviendo cómo es conducir en coche por una ciudad.

En su primera sesión, Luis eligió una carretera secundaria, con buen tiempo y poco tráfico para iniciarse. La respuesta fue clara: la tasa cardiaca se disparó a 100 ppm, Luis empezó a sudar, todo su cuerpo se tensó y se reía nerviosamente: “Ostras esto, no pensé yo que me iba a poner así”. Pero la instrucción era clara: “Continúa conduciendo y céntrate en la respiración para relajarte”. En aproximadamente cinco minutos, el corazón de Luis bajó a 80 ppm, estaba menos tenso y se mostraba más seguro. En diez minutos, nos pidió que empeoráramos el tiempo y subiéramos la cantidad de coches.

Tras la siguiente sesión, en la que se reprodujo un entorno de ciudad, Luis se animó a coger su coche con nosotros por la zona de Arturo Soria. Y es que esa es una de sus ventajas, acelera el tratamiento.

¿Qué ventajas tiene?

La primera es clara, la terapia es más efectiva: las personas necesitan menos sesiones, lo que supone menos tiempo, menos dinero y más adhesión.

La realidad virtual tiene la ventaja de poder entrenar prácticamente en vivo las técnicas de afrontamiento con la ayuda del psicólogo/a, lo que facilita que, a la hora de la verdad, sea más fácil ponerlas en práctica.

La segunda es que los pacientes se muestran más motivados, tanto por la velocidad de cambio como por la retro-alimentación que pueden observar sobre su propia respuesta física (la ansiedad).

No obstante, es necesario que un experto o experta evalúan, establezcan un análisis de la conducta, expliquen el funcionamiento de la ansiedad y el origen y mantenimiento del problema y entrenen eficazmente en relajación. Por sí sola, puede no resultar tan útil y no todo el mundo posee el equipo específico para ello.

Además del tratamiento de fobias (a las arañas, a los sitios públicos), la relajación es otra de las especialidades en realidad virtual.

¿Para qué se utiliza?

Obviamente, se está utilizando para las fobias más clásicas como el miedo a las agujas y la sangre, a hablar en público, a los exámenes, a conducir, a montar en avión, a las alturas, a los espacios abiertos, a los espacios cerrados, etc. Y también, a entrenar la propia relajación, tan útil para este tipo de dificultades.

Otros problemas de ansiedad, algo más complejos, también resultan eficaces en con el tratamiento en realidad virtuales como es el caso del TOC (obsesivo-compulsivo), el TEPT (estrés post-traumático) o el TAG (ansiedad generalizada). Además de muchas otras dificultades que requieren de su uso. Por ejemplo, Clara acudió a consulta por problemas de autoestima, entre otros síntomas, su forma de hablarse así misma en ciertas situaciones le generaban una ansiedad incapacitante, por lo que se realizó un ejercicio de exposición a sus propios pensamientos.

Y también, ya hablaremos de ello más adelante, se ha utilizado para trabajar dificultades con el estado de ánimo (depresión, distimia, euforia), hiperactividad, estrés laboral, adicciones, insomnio o problemas de conducta alimentaria.

En resumen, la realidad virtual es una herramienta más que nos ayuda a realizar mejor nuestro trabajo por la salud psicológica de las personas. ¿Crees que tienes alguna de estas dificultades? ¿Quizá alguien de tu entorno? ¿Te animas a cambiar?

Julia Silva y Daniel Santacruz. Psicólogos de Terapia y Más.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Fotos:

Jonas Tana <a href=”http://www.flickr.com/photos/10262366@N06/33006916742″>Arcada Eyesight Simulator (AVES)</a> via <a href=”http://photopin.com”>photopin</a> <a href=”https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.0/”>(license)</a>