¿Qué es eyacular precozmente? ¿Es eyacular antes de lo que yo quiero, de lo que quiere mi pareja o de lo que dicen mis colegas que tardan en eyacular? ¿Antes de diez minutos, de tres o de uno? Dos hombres distintos eyaculan tras dos minutos exactos de penetración vaginal, una pareja disfruta del encuentro y la otra no ¿cuál de los dos es el “precoz”?

Parece que ese ente llamado eyaculación precoz es como un patrón persistente de eyaculaciones tras un minuto de penetración vaginal y antes de que el sujeto lo desee, que genera malestar en el individuo y al menos durante seis meses o en el 75-100% de los casos. Pero ¿y si eyaculo tras un minuto de estimulación con mi mano a solas? ¿Y con la mano de mi pareja? ¿Y si a quien causa malestar es a mi pareja? ¿Y por qué un minuto y no tres? ¿Y si eyaculo en un minuto con quince segundos y me encanta? ¿Y si me pasa sólo cuando le doy vueltas a lo que me pasa? Contener el mar con una escoba.

No se debe patologizar la sexualidad. Eyacular antes o después de un minuto no es un trastorno. Que mi chico eyacule antes de mi orgasmo no es una enfermedad. La eyaculación en la penetración vaginal no es una disfunción. No se puede eyacular precoz ni retardadamente porque no hay ningún tiempo oficial para hacerlo. Nadie lo ha establecido. No es una norma ni un decreto-ley. Es la diversidad genital y sexual de la especie humana. Si acaso, podríamos hablar de que se puede estar insatisfecho(s) con el momento en que se eyacula.

Por partes. La eyaculación (expulsión del semen) es un reflejo. Está preparado biológicamente para ser rápido e inevitable. Y no se puede controlar. Si no lo crees, piensa en cuando éramos más monos y monas, unos periodos pornográficos de penetración y eyaculación podrían ser peligrosos para la supervivencia; y aun así somos los primates que más tardan en eyacular.

“No se puede eyacular precoz ni retardadamente porque no hay ningún tiempo oficial para hacerlo”.

Como reflejo, la eyaculación aparece ante una estimulación determinada para cada persona, unos hombres tienen que estimular su pene de arriba a abajo veintisiete veces para eyacular y otros sesenta; unos hombres eyaculan antes de lo que desean si están estresados por el trabajo y otros no; unas parejas de esos hombres les reprochan por no ser satisfechas y otras no. Ninguna es mejor ni peor. Son sólo diferentes. No se puede experimentar la eyaculación perfecta siempre.

Es complicado controlar la respuesta eyaculatoria. Una vez alcanzado un punto máximo de excitación genital (punto de no retorno, de inevitabilidad eyaculatoria…) se eyacula y ya está. De hecho, intentar evitarlo puede ser incómodo, casi tanto como reprimir un estornudo; tratar de controlarlo puede molestar, tanto como disimular un bostezo.

Lo que sí se puede intentar cambiar son las otras fases de la respuesta eyaculatoria. La fase de preparación comienza con la excitación erótica. Ya en el momento de prever, desear, rozar el encuentro erótico se intensifica la producción de espermatozoides hacia las vesículas seminales. Ya con la unión de los labios, el sonido de los gemidos y el desgaste de los cuerpos en contacto, el semen se dirige hacia la uretra prostática. Una vez en la próstata, ésta envía señales al cerebro de que el semen quiere ser liberado, y comenzarán las sensaciones pre-eyaculatorias.

Todavía estamos a tiempo, si modificamos el tipo de estimulación genital, la presión, la frecuencia, la humedad… será más probable que no eyaculemos (es más, si detenemos aquí la estimulación, conoceremos lo que los angloparlantes denominan blue balls).

Sin embargo, una vez alcanzado ese umbral, ese punto de no retorno, la respuesta eyaculatoria deja de estar bajo el control voluntario para estar bajo control involuntario y, como el agua de una cisterna que se pulsa poco a poco, se expulsará toda la carga seminal.

Lo que también podemos cambiar es la capacidad que cada hombre tiene para percibir esas señales de la uretra prostática. Parece que los ejercicios de Kegel (por ejemplo, interrumpir y reanudar el flujo de orina) ayudan a que estas sensaciones se conozcan y reconozcan mejor.

Otra cosa que podemos cambiar es cómo reaccionamos ante una eyaculación antes o después de lo deseado. ¿Decidimos venimos abajo? ¿Optamos por pensar que volverá a pasar o que estamos condenados a que se repita una y otra vez? ¿Negociamos con nuestra pareja la naturalidad de nuestro reflejo? ¿Tratamos de seguir disfrutando, explorando y creciendo a nivel erótico? ¿Exploramos otras prácticas genitalmente placenteras y relacionalmente satisfactorias que nos hagan disfrutar? Todas son opciones válidas, aunque algunas nos hagan sentir mejor que otras.

En la mitología griega, el primer rey de la gran Atenas nació de la incontrolada eyaculación del orfebre Hefesto al contemplar por primera vez a la sabia Atenea. Quizá entonces la diferencia a la hora de eyacular en uno u otro momento no era un problema, sino una virtud. Quizá debería volver a serlo.

Daniel Santacruz García. Psicólogo y Sexólogo de Terapia y Más.

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