Los cambios sociales han producido cambios en los modelos de familia. Mientras que antes únicamente contraían segundas nupcias las personas que enviudaban, con el aumento de las separaciones y divorcios, cada vez son más los padres y madres que han de enfrentarse a la difícil tarea de explicar a sus hijos que se han vuelto a enamorar.

UNA NUEVA HISTORIA DE AMOR

El enamoramiento tras una relación truncada suele caracterizarse por tener menos dosis de romanticismo y más de pragmatismo. Para facilitar que la nueva pareja funcione, es importante que las personas hayan aceptado la pérdida de la relación anterior y recolocado a su ex-pareja en el lugar correspondiente, ya sea como persona ausente o como padre/madre de sus hijos.

Además, es necesario que ambos expongan sus expectativas y necesidades acerca de la crianza de los hijos, la economía o el tipo de relación con la ex-pareja, porque puede dar lugar a dificultades. Debatir estas cuestiones y alcanzar acuerdos explícitos, junto con la experiencia previa, enriquece el compromiso de la nueva relación, permite establecer una relación más madura y ayuda a que aumente la implicación de en un proyecto común.

“Cada vez son más los padres y madres que han de enfrentarse a la difícil tarea de explicar a sus hijos que se han vuelto a enamorar”.

Es habitual que la formalización del nuevo compromiso suela ir acompañada de las presentaciones a familiares, a amigos, etc. Pero, ¿cómo explicarles a los hijos/as que nos hemos vuelto a enamorar?

 

CUÁNDO Y CÓMO DECÍRSELO A LOS HIJOS

Es conveniente que ambos miembros de la pareja tengan claros sus sentimientos y hayan alcanzado consenso de expectativas personales y familiares.

Es importante considerar que nuestros tiempos no han de coincidir con los de los hijos, por lo que conviene esperar a que ellas y ellos hayan resuelto la pérdida o separación de uno de los progenitores.blog2

Tener en cuenta que, en función de la edad de los hijos, la aceptación del nuevo miembro será más o menos complicada. Aunque cada persona y cada situación es diferente, en general los niños/as en edad infantil y los hijos/as jóvenes suelen aceptarlo mejor que los preadolescentes y adolescentes.

Cuando consideremos que los hijos están preparados, es recomendable hablarles progresivamente de la persona, de manera que tengan tiempo para asimilar la nueva presencia. Se les puede hacer partícipes, con precaución, de la nueva relación de pareja contándoles que hemos conocido a una persona especial, que vamos a tener una cita o aprovechar una llamada de teléfono. Además, las reacciones de los hijos en estos momentos pueden ayudar a obtener información sobre sus sentimientos y nos permiten establecer estrategias alternativas.

En caso de detectar malestar por parte de los hijos, se les puede explicar que la nueva relación no sustituye al padre o madre biológicos. Aclarar que la nueva persona tiene un papel distinto, que ninguno va a ser sustituto de otro.

Es importante procurar una relación de colaboración con el padre o la madre ausente, si la hay, facilitando que mantenga el contacto con los hijos e hijas.

Resulta útil planificar la presentación familiar cuando estemos seguros/as de que hijos y pareja están preparados. Hacer partícipes a los hijos de la organización del momento ayuda a confeccionar un plan agradable para las diferentes partes. Conviene elegir un lugar neutral, en el que se realice alguna actividad gratificante, pero que no se extienda en exceso. Por ejemplo, en lugar de organizar un fin de semana juntos, es preferible comenzar por una merienda.

SITUACIONES DIFÍCILES ANTES DE LA CONVIVENCIA

Intromisión de los cónyuges anteriores. Puede que la pareja anterior no acepte la pérdida, que sienta celos hacia la nueva relación o que tenga miedo a perder a sus hijos. Quizá utilice los puntos de unión (la relación con los abuelos, cuestiones económicas o la educación de los hijos) como vías para entrometerse en la relación. La persona de la que fue pareja ha de ser la encargada de aclarar los nuevos límites, de transmitirle calma y de facilitar, en la medida de lo posible, una relación de colaboración.

“En caso de detectar malestar por parte de los hijos, se les puede explicar que la nueva relación no sustituye al padre o madre biológicos”.

Boicot de los hijos a la nueva pareja. Los hijos pueden tener la sensación de que pierden una relación privilegiada con los padres, ya que ahora han de compartirles. Otros pueden creer que son desleales al padre/madre ausente si entablan una relación positiva con la nueva persona. Estos miedos puede llevarles de intentar romper la relación. Conviene que la nueva pareja entienda a los hijos y que el padre o madre aclare que el amor de un hijo es diferente al de la pareja y que no va a cambiar.

Diferencias en los estilos educativos de los miembros de la pareja: Si cada miembro de la nueva pareja opina de forma diferente sobre la implicación en la educación de los hijos, es importante no mostrar desacuerdos delante de ellos/as y tratar de establecer acuerdos en privado. Si no se alcanzaran, entender que la decisión última es de los padres biológicos, si los hubiera.

En las familias en las que hay hijos de ambos matrimonios anteriores, pueden surgir diferencias en las normas o la autoridad. Hay que procurar acordar reglas igualitarias.

Diferencias en las relaciones de otros familiares. Cuando hay hijos de diferentes matrimonios o hijos previos de uno e hijos comunes, pueden establecerse diferencias en las relaciones. En estos casos se puede explicar a los hijos que tienen una familia amplia, hablar con naturalidad de los familiares de cada parte y pedir a los otros adultos que eviten las diferencias en el trato.

LA VIDA EN COMÚN

A pesar de que se haya logrado establecer una relación positiva entre la nueva pareja y los hijos/as, no hemos de relajarnos y pensar que las cosas van a ir sobre ruedas. Si el comienzo de la vida en común de cualquier pareja requiere de un periodo de adaptación a los cambios, de establecimiento de nuevas funciones y normas de convivencia, de negociación y acuerdos, en las familias reconstituidas hay que prestarle especial atención. Algunas pautas que pueden ayudar en esta etapa son:

  • Sustituir tu casa/mi casa por nuestra casa. Los miembros de la nueva familia han de tener claro que el hogar que se elija no va a ser la casa de uno o de otro, sino la casa de la familia. En la elección hay que tener en cuenta cuestiones prácticas como la distancia a los trabajos o centros de estudios, la proximidad de personas de apoyo (familiares y amigos), los espacios de intimidad, etc. Otra opción que puede dar buen resultado es comenzar la convivencia en un domicilio distinto.
  • Resulta de utilidad que la pareja acuerde sus normas previamente, que las comunique a las hijas/os para crear entre todos las “nuevas reglas del hogar”.
¿Qué pueden hacer los padres biológicos?
    • Dar permiso y espacio a los hijos/as para tener y expresar los sentimientos que les produce la incorporación de nuevo(s) miembro(s) a la familia y para hacer preguntas.
    • Evitar hacer comparaciones entre el anterior cónyuge y la nueva pareja.
    • Reservar tiempo en exclusiva para ellos o ellas. Explicar que la nueva relación no va a restar nuestro amor.
    • Aclarar las nuevas normas a los hijos. Pedirles que es necesario que respeten a nuestra pareja, pero sin obligarles a que la quieran.
    • Dar tiempo a la pareja para que vaya creando una relación con los hijos, sin pretender que los sentimientos surjan de forma inmediata.
    • Apoyar a la pareja cuando tome iniciativa de expresión de normas en la familia.
    • Fortalecer la relación, sin permitir que los hijos entren en el espacio perteneciente a la pareja. Crear un límite de espacio y tiempo de pareja que permita mantener y reforzar la intimidad.
¿Qué puede hacer la nueva figura materna o paterna?
  • Comenzar estableciendo una relación de colaboración con los hijos/as. Evitar tratar de complacerlos a toda costa para ganar su cariño.
  • No impacientarse y dar tiempo para que puedan establecerse lazos afectivos.
  • No interpretar el posible rechazo inicial como una cuestión personal. Intentar ponerse en el lugar de los hijos y entender que para ellos/as también son muchos cambios.
  • Evitar términos con connotaciones negativas como “padrastro” o “madrastra” o Procurar no dársela si los usamos.
  • Apoyar a los padres biológicos en las funciones parentales pero esperar a que el lazo afectivo sea más solido para poner normas.
  • Si los hijos/as utilizan frases como “tú no tienes nada que decirme porque no eres mi padre o mi madre”, procurar relativizar su valor y responder serenamente.
  • Entender el rol que ha de asumir, sin entrar en competencia con los padres biológicos o sin necesidad de sentirse como un extraño.

Pretender que esta familia sea como la anterior o que los componentes se sientan una familia de forma instantánea no suele dar buenos resultados. Hemos de entender que su ritmo, funcionamiento y los papeles de cada miembro van a ser diferentes a los de la familia tradicional. Puede ayudar a establecer una relación sana comprender que cada familia tiene sus peculiaridades, ser paciente y dar tiempo para que cada uno/a asimile los cambios, tolerar las diferencias y crear reglas de convivencia desde el respeto, el cariño, la flexibilidad y el diálogo.

Julia Silva García. Psicóloga y Sexóloga de Terapia y Más.

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