Hoy en el programa Levántate y Cárdenas se hacían eco del caso de una joven identificada con el síndrome hikikomori, una extrema forma de fobia social que termina provocando el total aislamiento de la persona. En el programa, hemos presentado algunas claves sobre el síndrome, pero a continuación te contamos más.

La “fobia social” o “ansiedad social” lleva tiempo descrita en los manuales de psiquiatría y psicología. Consiste básicamente en un temor exagerado y una evitación parcial o total de cualquier situación en la que están presentes otras personas.

Como sucede con la mayoría de cuadros clínicos descritos por la psiquiatría y la psicopatología, la fobia social es el punto más extremo de comportamientos que todas y todas podemos poner en marcha puntualmente. ¿Quién no ha evitado una conversación con su jefe/a? ¿Quién no ha sentido una punzada de pánico al llamar “mamá” a la profesora y sufrido con las merecidas carcajadas de después? ¿Quién no ha pensado “debe estar pensando que soy un/a inútil” y se ha puesto como ante el jurado de La Voz? La mayoría de nosotros y nosotras somos capaces de manejar esas situaciones. Pero ahora imagina sentirte así constantemente, en cada momento del día en que haya alguien contigo; y aún así, no podrás llegar a imaginar cómo vive una persona que desarrolla una fobia social.

Las personas identificadas con fobia social, ante situaciones que involucran a otras personas (desde hablar con un profesor, estar en clase o trabajando o caminar por la calle) tienden a experimentar un miedo intenso y persistente: se ponen tensas, les cuesta respirar, les duele el estómago o empiezan a sudar; todo bien regado con pensamientos catastrofistas: “se están riendo de mí”, “todo le mundo me está mirando”, “¿qué estará pensando de mí”, “me va a hacer daño”, “me van a engañar”, “me va a dar algo”, etcétera.

Este desalentador panorama suele conducirles a comportamientos de evitación o escape: dejan de ir a trabajar, dejan de hablar por teléfono, dejan de mantener el contacto ocular, no quieren ir a clase… lógico y normal. No obstante, no cuentan con que la evitación es el mejor amigo del miedo y la ansiedad y con que, cada vez que evitan (y/o les permiten evitar), están haciendo más fuerte su fobia.

Las personas identificadas con fobia social temen las situaciones sociales.

Las personas identificadas con fobia social temen las situaciones sociales.

Después de una buena temporada funcionando de este modo suelen aparecer problemas asociados como bajo estado de ánimo por la inactividad que supone no hacer nada, pérdida del círculo de amigos/as o de la pareja, malas relaciones familiares, problemas físicos derivados de la ansiedad, creencias hipotéticas alimentadas por los propios pensamientos (“la gente es mala”, “en casa es el único sitio seguro”, “todo el mundo se fija en mí”), o irritabilidad y berrinches, sobre todo en los más pequeños/as.

Además, el resto de personas percibimos estos perfiles, así es que, o bien tendemos a evitarlos y abandonarlos; o bien, tendemos a reforzarlos; o bien, como se escuchaba en el programa, a convertirles en el blanco más fácil del acoso escolar o laboral, de relaciones de pareja dependientes e incluso casos de violencia de género. Ni qué decir tiene, si aderezamos aún más este cuadro con otros ingredientes como problemas con la imagen corporal o cualquier tipo de discapacidad.

No es de extrañar que en culturas marcadamente individualistas, como la japonesa o la estadounidense, estos casos extremos lleven años descritos. Una fobia social de este tipo llevada al exceso conduce a la máxima potencia de la evitación: el enclaustramiento voluntario.

Tanto en EEUU como en Japón se describen desde los años 70 casos de modernos ermitaños, personas tan temerosas de los demás que optan por aislarse en una cabaña en mitad de Utah o en una habitación en mitad de Shibuya. De ahí el término hikikomori (ser aislado, ser recluido), que implica el aislamiento social cuasi-total (salen de casa poco, y lo pasan francamente mal) y, más recientemente, la sustitución de las relaciones sociales presenciales por las online acheter viagra a bas prix. En España, parece que cada vez se describen más casos .

La fobia social afecta más a hombres que a mujeres y suele empezar a desarrollarse a partir de la adolescencia (una etapa conocida por las apenas presiones sociales existentes), pero no es frecuente que conlleve el aislamiento social extremo propio del síndrome hikikomori.

Como factores que provocan estos problema está el tipo de apego establecido durante la infancia. Por lo general, la sobreprotección parental está asociada a casos de fobia social pero, como decía nuestra psicóloga Julia Silva en el programa, no puede ni debe señalarse como única causa. Conflictos con los iguales durante la infancia y la adolescencia, como los casos de bullying –puedes ver Klass, Thumbsucker, o Déjame entrar-, eventos sociales traumáticos -acuérdate de la pobre Carrie-, entornos aislados y autoritarios –piensa en el vecino de American Beauty-, o una educación basada en el miedo a lo desconocido –como en Canino-, también aparecen presentes en estos casos.

Social y culturalmente, la cada vez más acuciante de-socialización de las ciudades (eliminación de sitios de encuentro y reunión, parques y zonas verdes), los fenómenos de globalización y el auge de las redes sociales (que facilitan la evitación social presencial) y el modelo educativo de miedo a lo desconocido también parecen facilitar indirectamente el origen de estas dificultades.

Por último, en el mantenimiento influye tanto el propio afectado o la propia afectada que, mediante sus evitaciones, va reforzando sus ideas y creencias fóbicas y favoreciendo su aislamiento; como también, sus padres y madres, amigos y amigas, parejas, familiares y demás personas cercanas que justifican y permiten que ocurran estos comportamientos. Ojo, que tampoco se trata de ponerse como una furia cuando ocurren, hay otras formas de manejarlos.

Desde la psicología, y más concretamente el enfoque conductual-cognitivo, existen estrategias dirigidas a superar estas dificultades que pasan por tres puntos:

  1. Exponerse a las situaciones temidas (si estabas leyendo esto y te estabas identificando como un/a fóbico/a social, ¿de verdad pensabas que no iba a ocurrir?), pero siempre después de…
  2. …desarrollar herramientas para el control de la ansiedad y…
  3. …desarrollar herramientas para cambiar la forma de pensar e interpretar las situaciones como peligrosas.

Las intervenciones conductuales-cognitivos ofrecen una alta eficacia en el tratamiento de estas dificultades siempre que la personas esté decidida a cambiar y su entorno colabore desarrollando también nuevas estrategias de manejo de las situaciones. Pero son intervenciones que llevan su tiempo y su ritmo para cada persona.

Si crees que tú mismo/a o algún conocido/a pudiera estar pasando podría estar pasando por una fobia social, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Recuerda que el tiempo que pasa hasta que se pide ayuda se identifica entre los factores precipitantes de la fobia/ansiedad social.

Julia Silva García y Daniel Santacruz García, Equipo de Terapia y Más.

El aislamiento social es el punto diferenciador del síndrome hikikomori

El aislamiento social es el punto diferenciador del síndrome hikikomori

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