Empieza un año nuevo y una de las costumbres más habituales son los propósitos de año nuevo. Lamentablemente, no suelen pasar de la resaca de sidra, cordero y turrón. Los gimnasios aumentan su número de matrículas, los/as nutricionistas y dietistas tienen lista de espera, las personas se prometen pasar más tiempo juntas, las academias hacen su agosto… durante una semana.

¿Por qué nos cuesta implicarnos? ¿En qué nos equivocamos? ¿Cómo podemos cumplir nuestros propósitos? En Terapia y Más te lo contamos (y te ponemos algunos ejemplos).

Nuestros propósitos tienen que suponernos algún reto, tienen que ser cosas que realmente queramos hacer. Si queremos perder peso porque nuestra abuela/o piensan que estamos regordetes, si queremos dejar de fumar porque no le gusta a nuestra pareja o si queremos aprender inglés porque nos lo exigen en el trabajo pero nuestro interés es nulo, será mucho más difícil que los llevemos a cabo. Busca qué te apetece cambiar y cámbialo.

Además, tienen que ser medibles y específicos, es decir, tenemos que ser capaces de cuantificarlos. Para ello, podemos utilizar una sencilla regla “si empieza por SER no es un buen propósito, si tiene que ver con HACER sí”. Plantearse metas como ser mejor persona, ser mejor en el trabajo o ser feliz suenan a reality televisivo (y tienen el mismo éxito). En cambio, participar en un voluntariado, llegar puntual a trabajar o quedar una vez a la semana con mis amigos/as son propósitos más realistas que pueden traducirse fácilmente en metas específicas y realistas en el corto plazo (vg. buscar qué voluntariados me interesan, colocar el despertador de formar que haya que salir de la cama para apagarlo, quedar con el grupo de amigos de camino a casa después de trabajar, etcétera).

Nuestros propósitos deben estar planificados. Cuando nos planteamos metas no solemos plantear también que llevarán su tiempo. Ponerse en forma o aprender inglés no son cosas que se consiguen de la noche a la mañana. Tener en cuenta estos aspectos o utilizar memorias externas para recordarlos facilitan nuestro compromiso.

Por último, nuestros propósitos deben poder alcanzarse. Así que, aunque duela, hay que rebajar nuestros objetivos a nuestras capacidades y necesidades. En puestos de trabajos actuales, donde podemos estar realizando las mismas tareas que antes hacían dos o tres personas, quizá el objetivo no debería ser lograr más eficiencia, sino conseguir que no afecte a mi salud; con un problema de metabolismo, el propósito de perder 20 kilos puede ser más difícil de llevar a cabo que el de empezar a aceptarme tal y como soy. Tú decides.

Por ejemplo, practiquemos estas sencillas reglas con dos clásicos del año nuevo:

PONERSE A DIETA

Antes

Ahora

  • Me pongo a dieta porque… quiero encontrar pareja, quiero ser perfecto, quiero ser normal…
  • Mi meta es ser delgado/a.
  • Voy a perder peso comiendo menos.
  • Me pongo a dieta porque… quiero encontrarme más a gusto conmigo mismo/a, quiero tener una alimentación más saludable…
  • Mi meta es perder entre 2 y 5 kilos.
  • Voy a perder peso haciendo cinco comidas al día, registrando lo que como, reduciendo la cantidad de bollos y refrescos…

ESTUDIAR

Antes

Ahora

  • Quiero estudiar porque… quiero aprobar, mis padres quieren que aprueba, tengo que terminar una carrera que no me gusta…
  • Mi meta es aprobar todas las asignaturas, estudiar sin distraerme.
  • Voy a estudiar más levantándome antes y haciendo esquemas.
  • Quiero estudiar porque… quiero aprender, quiero encontrar un trabajo que me satisfaga…
  • Mi meta es desarrollar un hábito de estudio, asumir y redirigir mis distracciones.
  • Voy a estudiar planificando desde el principio mis tiempos de estudio, tiempos por si surgen imprevistos, investigando sobre tipos de esquemas…

Ánimo y recuerda que si haces lo mismo, ocurrirá lo mismo. Tú eres el motor de tu cambio. ¡Feliz 2017!

Daniel Santacruz. Psicólogo y Sexólogo en Terapia y Más.

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