Se acerca el Carnaval y en LYC (Europa FM) nos proponen hablar de los maskers, personas que tienen la afición de disfrazarse de mujer utilizando trajes y máscaras de goma, dando como resultado una apariencia híbrida entre hombre y muñeca.

¿Quién se esconde detrás de la máscara?

  • Lo habitual es que se trate de hombres heterosexuales.
  • No encuentran el placer en vestirse de mujer (no es travestismo), se sienten mujer (nada tiene que ver con cuestiones de disforia de género o transexualidad). El placer está en la transformación.
  • Suelen llevar una vida adaptada: tienen pareja y/o familia, trabajan, tiene amigos,… Y se dan permiso para divertirse transformándose en otra persona. Con el látex se convierten en un modelo de mujer-muñeca que consideran bella: con curvas pronunciadas, senos y labios voluminosos, pelo largo, mucho maquillaje… Una belleza femenina estereotipada y exagerada al extremo. En algunos casos se trata de un fetiche erótico, mientras que para otros no es más que una vía de relajación y evasión.

¿Qué se esconde detrás de la máscara?

  • En algunos casos, se trata de una manera de darse permiso para llevar actuar de forma que no se atrevería sin la máscara, para ser quien no se atreven a ser, para sentirse seguros desde el anonimato, protegidos detrás de esa apariencia,… ¿Cuántas máscaras nos ponemos en nuestro día a día, que no son tan evidentes, pero están? Cuando la máscara, sea de látex o invisible, esconde malestar, temor, ansiedad, desadaptación,…de la persona o las personas de su entorno, desde la Psicología podemos ayudar a modificarla o eliminarla y a reforzar la propia identidad.
  • En otros casos, se trata de un juego, erótico o no, que forma parte de la intimidad de la persona y/o de la pareja, y que no genera problemas de adaptación a su vida cotidiana (mi a él, ni a su entorno). No siempre el fin de la transformación es sexual. Para muchos es una vía para para dejarse llevar, relajarse, cambiar la rutina. Aunque se salga de lo habitual, ¿acaso es más adecuado dejarse llevar viendo la televisión, o jugando a videoconsolas, o haciendo compras? Mientras que algunos lo mantienen como práctica íntima individual sin objetivo sexual (disfrutan con la transformación, se hacen fotos o se miran al espejo), otros lo incorporan a la erótica individual y/o de la pareja. Incluso los hay que comparten con el mundo en canales y redes sociales (hay verdaderas estrellas maskers que reciben una cantidad bastante considerable de visitas a sus vídeos) y/o comunidades virtuales (la comunidad Dolls Pride cuenta con 10.000 miembros). Si detrás de la máscara hay una persona que se da permiso para jugar, cambiar de rol, fantasear, relajarse, erotizarse… y no provoca malestar ni en él ni en su entorno, ¿por qué reducir esa fuente de bienestar a los días de Carnaval?

En LYC hemos debatido sobre dónde está el límite a partir del caso de un hombre-muñeca que explica como cuando se transforma le resulta más fácil hablar con sus hijas de temas “de chicas”. Para evitar caer en un juicio de valor, o diagnosticar desde el parámetro “normal-anormal”, o llegar a conclusiones apresuradas, sería necesario realizar una evaluación exhaustiva para determinar si esta conducta provoca o no malestar en los miembros de la familia.  Si encontráremos que detrás de la máscara se escondieran cuestiones como miedo, ansiedad, falta de herramientas, desadaptación,…podríamos intervenir con el fin de mejorar el bienestar de las personas afectadas. Por ejemplo, imaginemos que se escondieran dificultades del padre para posicionarse en su rol parental, entonces, podríamos trabajar la asunción de los roles y jerarquías adecuados. Si observáramos dificultades para hablar con sus hijas de temas íntimos, trataríamos de facilitar herramientas de mejora en la comunicación. En caso de que esto pudiera causar malestar en las menores, recomendaríamos la práctica de la transformación en hombre-muñeca al área íntima del padre o la pareja. Pero, si el padre y las hijas lo vivieran de forma positiva y no les causara malestar ni desadaptación, no sería necesario plantear cambios. ¿Cuántos padres/madres utilizan la máscara, por ejemplo, del WhatsApp para comunicarse con sus hijos/as porque les cuesta hacerlo en persona?

Julia Silva García. Psicóloga Sanitaria de Terapia y Más.

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