Siempre le ocurre igual: se acuerda de estudiar el día antes del examen, se pone un horario que no cumple para estudiarse la oposición, se sienta a estudiar y se distrae con una mosca volando… Todo el mundo conoce a alguien así (o bien se reconoce a sí misma/o) en estos comportamientos tan poco útiles para unos buenos hábitos de estudio.

La gran mayoría de personas estudiamos durante gran parte de nuestra vida, diferentes contenidos, a diferentes edades, en diferentes contextos y a muy diferentes ritmos y, generalmente, sin ningún tipo de formación reglada sobre cómo hacerlo de manera adecuada.

No haber desarrollado correctamente estas habilidades puede generar un gran malestar y un rendimiento deficitario, especialmente en aquellas etapas en las que las demandas de la materia a estudiar cambian bruscamente (como en el paso de primaria a secundaria o como a la hora de estudiar una oposición).

Si quieres saber algo más sobre hábitos de estudio, sigue leyendo. En el blog de Terapia y Más, te contamos cómo.

1. No pierdas el tiempo.

Resulta paradójico que, no teniendo otra cosa que tiempo en nuestras vidas, siempre estemos quejándonos de su falta; posiblemente, porque no sabemos aprovecharlo.

Lo primero que debes saber es que, seguramente, estás perdiendo mucho tiempo. Te proponemos un ejercicio: imprime una tabla con todas las horas del día y los siete días de la semana. Y en cada hora en punto anota utilizando una sola palabra lo que estás haciendo: DORMIR, COMER, TRABAJO, COLEGIO, TELEVISIÓN, AMIGOS… Puede que te sorprenda cuánto tiempo pierdes con actividades que no te ayudan a conseguir tus objetivos o que muchas actividades roba-tiempos se deben a una falta de planificación (como no dormí lo suficiente, me entra sueño en la siesta; como no hablé con mis padres en toda la semana, ahora tengo que quedar con ellos para tomar café).

A continuación, intenta confeccionar un horario adecuado poniendo una hora de inicio y una hora de fin para tus sesiones de estudio (más 30-60 minutos extra para imprevistos) todos los días. Recuerda descansar al menos un día, mucho más útil el domingo, para comenzar la semana con más energía y activación.

Una vez hecho, te resultará mucho más fácil distribuir dentro de ese horario, el tiempo para cada tarea.

2. Crea tu rincón de estudio.

Un buen hábito de estudio incluye también una buena habitación para estudiar. Cada persona es un mundo: unas estudian en bibliotecas y grupos de estudio, otras necesitan la más absoluta soledad; unas con música, otras con tapones para los oídos; unas eligen la cocina y otras el salón… cada persona aprende cómo concentrarse mejor. Pero hay algo que asegura el éxito: que se trate del mismo lugar o en las mismas condiciones diariamente. A nuestro organismo le gustan los hábitos. Generar cambios innecesarios o no saber dónde voy a estudiar hoy puede llevar a la pérdida de la tan ansiada concentración.

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Ahora, dentro de las diferencias individuales, funciona mejor estudiar en una estancia habilitada para ello: con dos fuentes de luz (una directa y potente, como un flexo, y una indirecta y suave, como una lámpara de techo), con una temperatura adecuada (en torno a 20 grados), en un espacio amplio suficiente para poder manejar el material de estudio (mesa de comedor, escritorio…), con dicho material a mano y con la menor cantidad de fuentes de ruido posibles (ventanas abiertas, familiares escandalosos, televisión o radio).

No obstante, si es justo el silencio lo que lleva a la pérdida de concentración, en esos casos, se recomienda trabajar con algún tipo de música suave o ruido blanco de fondo. Desde luego, el grupo de música favorito o un programa más interesante que lo que se pretende aprender no son opciones acertadas.

3. Organízate.

La organización es primordial, dentro de unos límites, como sucedía con el lugar de estudio. La organización es beneficiosa para estudiar, pero cada cuál se organiza de forma distinta (atención a los que quieren que los demás se organicen como ellos/as mismos/as lo harían).

Eso sí, una buena organización requiere el uso eficiente de nuestros recursos atencionales en función del contenido a aprender. Nuestra atención se muestra muy activa y eficiente en los primeros minutos realizando una tarea y, aproximadamente a partir de los 20-30 minutos, empieza a decaer. Hay que saber aprovechar esta curva.

Por lo general, ocurre lo que mostramos en la siguiente figura: en una sesión de estudio, durante el primer intervalo de tiempo (aproximadamente el 10%), nuestra atención está en su máximo apogeo, así que somos capaces de aprovecharla y obtener cerca del 50% de rendimiento sobre casi cualquier tarea. Posteriormente, alcanzamos una meseta en la que el 40% de tiempo restante, obtenemos un rendimiento similar. Finalmente, en la mitad de tiempo restante, empieza a perder la concentración y a ganar el tedio, y lograr escasos resultados.

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Por eso es importante hacer muchos y pequeños descansos a la hora de estudiar (como comentaremos más adelante) y saber organizarse en cada una de esas zonas (A, B y C) las tareas que más y menos nos gustan, nos cuestan o nos interesan.

4. Elimina ladrones de tiempo.

Las distracciones son el gran enemigo de los hábitos de estudio. Para eliminarlas, es necesario conocerlas y contarlas. ¿Cuáles ocurren? ¿Cuándo ocurren? ¿Cuánto tiempo me roban? Estas respuestas pueden solucionarse con un rápido registro diario.

Una vez identificadas, la solución es sencilla. Si son distracciones externas, bastará con limitarlas.

Por ejemplo:

  • Quitarle la vibración al móvil, dejarlo boca abajo o fuera de la zona de estudio.
  • Pedir a nuestros familiares y amigos que no nos molesten mientras estamos estudiando (por ejemplo, mientras la puerta de la habitación está cerrada).
  • Apagar el ordenador (y, si lo enciendo para buscar información, volver a apagarlo cuando termine, para que cueste distraerse).

Si las distracciones son internas (es decir, que mis pensamientos o sensaciones no me dejan estudiar) también puede mejorarse:

  • Si me entra hambre o sed, no he planificado lo suficiente mis horarios. En una buena planificación existe tiempo para alimentarse o al menos, tiempo para imprevistos.
  • Si mis pensamientos no me dejan en paz, puedo modificar los mensajes que me doy a mí mismo/a: “Eso no es importante ahora, ahora toca estudiar”, “Ya pensaré en eso más tarde, ahora me gustaría estudiar”, etc.
  • Si son mis emociones (como ira o ansiedad) las que impiden que me concentre, o bien no es el mejor momento para estudiar, o bien no las controlo lo suficiente.

5. Haz preguntas.

La falta de información puede ser una gran distracción o un gran inconveniente a la hora de estudiar. Hay que preguntar lo que se desconoce a quien lo pueda conocer, hay que preguntarse a uno mismo/a posibles preguntas que otras personas podrían hacerme sobre lo recién estudiado, hay que desarrollar suficientes recursos para buscar la información que no se posee (fuentes, libros, Internet), etc.

El aprendizaje significativo (es decir, que tiene un valor positivo o constructivo para mí) es más útil y se recuerda mejor que un aprendizaje vacío o porque sí.

6. Re-edita.

Transforma tus notas, tus apuntes, tus lecciones en nuevas formas. La estrategia de hacer diferentes esquemas o de convertirlo en nuestro propio lenguaje funciona por varias razones.

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Por un lado, porque personalizo mi aprendizaje, lo vuelvo “significativo” como decíamos antes. Por otro lado, porque mientras escribo, es mucho más difícil des-concentrarme que mientras leo. Y por último, porque aprendo a sintetizar y a desarrollar, una habilidad más que útil cuando voy a hacer un examen.

7. Descansa.

Como decíamos, los descansos influyen más de lo que pensamos en nuestros hábitos de estudio (e incluso de trabajo). Aparte de la necesidad de dormir y descansar por las noches, los descansos durante una sesión de estudio también son importantes.

Al contrario de lo que muchos/as estudiantes puedan pensar (y aplicar), los maratones de estudio sin descanso resultan infructuosos. Lo ideal es hacer pequeños parones de 5-10 minutos por cada 40-60 minutos de estudio.

Por un lado, porque permitimos a nuestra mente y a nuestro cuerpo descansar, romper con la monotonía, recuperar fuerzas, etc. Por otro, porque en esos descansos, podemos aprovechar para realizar ciertas distracciones que nos apetecen (como ir al baño o comer) aunque hay que tener cuidado con distracciones que pueden “engancharnos” más tiempo del deseado (mirar el móvil, ver la televisión, charlar con alguien). Y además, porque sin descanso, no se consolida lo aprendido.

Así que, a planificar tiempo de descanso.

8. Consulta qué tal lo haces.

Y por último, para saber lo que haces adecuadamente y lo que no, consulta. Puedes preguntar a un experto/a en técnicas de estudio qué puede estar fallando en tu método. Puedes repasar lo aprendido con alguien que ya lo sepa o que esté estudiando lo mismo que tú, o convertirte en el evaluador después de ser el evaluado. Puedes anotarte posibles preguntas sobre lo aprendido y tratar de responderlas.

Y recuerda, hay que reforzar (o buscar refuerzo) en lo que se hace adecuadamente y evitar castigar o penar lo que se hace mal, es mucho más útil, realizar una crítica constructiva y un cambio a mejor, que una crítica destructiva y no cambiar (o cambiar a peor).

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Ya hemos tocado algunas teclas útiles para crear hábitos de estudio, así que ya sabes, ponte en marcha. Y si aún así sigues sin lograr lo que pretendes, en T+ podemos ayudarte.

Daniel Santacruz. Psicólogo y Sexólogo en Terapia y Más.

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