Hace unos veinte años, la filósofa e historiadora Elisabeth Badinter presentaba en su libro XY: la identidad masculina una teoría que agitaría los cimientos de las ciencias sociales, ¿y si el “sexo débil” fuese el masculino? En su libro, la autora francesa exponía básicamente cómo en la mayoría de culturas y en todo momento histórico, los hombres han muerto y mueren antes, más y peor que las mujeres.

Es decir, que en prácticamente todos los países del globo, una menor esperanza de vida, una mayor tasa de mortalidad y mayores tasas de muertes violentas (suicidios, accidentes de tráfico, violencia interpersonal…) se asocian siempre a hombres (1). En 2013, en nuestro país, la esperanza de vida para las mujeres se situaba en 86 años y en 80 para los hombres, fallecieron 200.000 hombres y 190.000 mujeres, se suicidaron aproximadamente 2.900 hombres y 1.000 mujeres, murieron por agresiones 200 hombres y 100 mujeres (sólo que el 50% murieron a manos de sus parejas o exparejas, los motivos de asesinato de los hombres eran más variopintos); y por accidentes violentos, 1.500 hombres y 500 mujeres (2).

Son muchos y distintos los factores que influyen en cuánto y cómo viven hombres y mujeres, pero el cuidado de la salud resume una de las variables que aseguran una buena calidad de vida y que mejor pueden controlar los individuos. Pese a lo simple de su definición, cuidarse incluye diversas habilidades como por ejemplo, reconocer los síntomas, darles una explicación, acudir al profesional correspondiente, comentarlo con otras personas, buscar información, etc. que, por lo general y tirando de estadísticas, los hombres practican en menor medida.

En su ensayo, Badinter responsabilizaba de esto a un viejo amigo: el sistema patriarcal, un arma de doble filo que muerde la mano de quien le da de comer. Para esta autora, la desigualdad resultante de una educación diferenciada para hombres y mujeres arrastra a éstos a luchar continua y constantemente por demostrar tres verdades universales: que no son unos niños, que no son mujeres y que no son débiles.

Si paralelamente, este mismo sistema relacional asocia la enfermedad, física o mental, a ser un niño/a o infantil, a ser una mujer o afeminado y/o a ser débil y vulnerable, encontramos en estos tres dogmas la justificación ideal a por qué muchos hombres ni se atreverán a pedir ayuda ante la aparición de ciertos problemas.

Además, este intrincado sistema en el que participan de forma proactiva todos los agentes sociales también apremia a los hombres (o mejor dicho, al estilo masculino, puesto que muchas mujeres tienden a adaptar las premisas del modelo) a plantearse los problemas en general como acertijos en busca de solución y, por supuesto, su responsabilidad es la de resolverlos eficazmente. Tenemos también un factor más a por qué muchos hombres no buscan ayuda, porque la solución ante el problema… ¡es su responsabilidad!

Pedir ayuda se convierte en síntoma de debilidad en el género masculino.

Pedir ayuda se convierte en síntoma de debilidad en el género masculino.

En resumen, pedir ayuda se convierte en síntoma de debilidad (ante las integrantes del otro sexo pero, sobre todo, ante los integrantes del propio) y en sinónimo de ignorancia e inexperiencia. Lo que el género espera de los hombres es que sean fuertes y eficaces.

La incapacidad para buscar ayuda podría ser una de las claves que explican por qué los hombres viven menos, contra la que los sistemas de salud se muestran infructíferos en sus esfuerzos por minimizarla.

EL MOVIMIENTO MOVEMBER

Movember es una iniciativa de la organización benéfica Movember Foundation que pretende impulsar el cuidado de la salud masculina. Surgió en Australia en 2003, como reacción de una serie de personas concienciadas ante el alarmante número de hombres que desarrollaban cáncer de próstata o de testículo pero no acudían a buscar un tratamiento médico. La idea era muy sencilla, había que conseguir que una población habitualmente poco implicada en reconocer sus problemas de salud, se concienciara y concienciara a otros de la necesidad de seguir chequeos.

La premisa era tan fácil como ocurrente, proponer una acción sencilla, viable y viral. Similar al Ice Bucket Challenge que llegaría años después. Los fundadores de Movember eligieron el bigote, símbolo masculino por excelencia, para estas lides. El reto era sencillo: dejarse crecer el bigote durante todo noviembre para que, cada vez que algún/a extrañado/a por el cambio, preguntara por el vello labial, aprovechar la oportunidad para contarle acerca de la detección de cáncer de próstata y testículo y pedirle una colaboración económica con la que contribuir a la investigación, educación y prevención sobre el tema.

Dejarse bigote durante el mes de noviembre es el gesto de participación básico en Movember.

Dejarse bigote durante el mes de noviembre es el gesto de participación básico en Movember.

El movimiento Movember creció como la barba y rápidamente alcanzó a la vecina Nueva Zelanda, cruzó el charco hasta Canadá y EEUU; y otro charco más hacia Europa (siendo los españoles los primeros en dejar crecer nuestros mostachos en pro de nuestra salud). Los interesados e interesadas simplemente se dan de alta en la página oficial, y convertirse en MoBros y MoSistas para participar en las actividades de la fundación, como fotografiarse con bigotes (reales o postizos), realizar donaciones o proponer nuevas ideas.

Además, la causa se extendió hacia el cuidado de la salud psicológica de los hombres, un factor de riesgo en multitud de problemas como adicciones, depresión, ansiedad o violencia de género. Desde Movember tratan de cuestionar los aspectos negativos de la masculinidad, animar a los hombres a que mantengan redes de apoyo, buscar que se hable de la salud psicológica fuera del sistema sanitario y, en definitiva, desarrollar modelos que progresivamente mejoren el estatus de la salud de los hombres.

La última iniciativa en sumarse a la causa ha sido MOVE, dirigida a erradicar la inactividad física mediante el reto de practicar al menos una actividad física diaria y compartirlo con el resto de MoBros y MoSistas en las redes sociales.

Actualmente, Movember se encuentra en más de 21 países, ha recaudado cerca de 485 millones de euros, financia distintas obras sociales e investigaciones y se encuentra en el número 72 del ranking mundial de ONGs.

LOS HOMBRES Y LA SALUD PSICOLÓGICA

Una máxima en Psicología es que el sexo (ser hombre y ser mujer) no suele provocar dificultades psicológicas; el género (lo que cada cultura y cada sociedad espera de sus hombres y sus mujeres) sí. Cómo cada hombre y cada mujer aprende desde la infancia a ser hombre y a ser mujer influye poderosamente en las dificultades que pueden experimentar unas y otros. Para muestra un botón, estos son los porcentajes de prevalencia general de trastornos que recogen la mayoría de manuales sobre psicología clínica, para adultos/as que acuden a recursos dentro del sistema de salud (3):

Hombres

Mujeres

Ansiedad

40%

60%

Fobia social

50%

50%

Depresión

30%

70%

Trastorno bipolar

50%

50%

TCAs

5%

95%

Alcohol

60%

30%

Esquizofrenia

50%

50%

Un tanto contradictorio que mientras las mujeres parecen inundar los servicios de psicología, la prevalencia de suicidios y asesinatos se tripliquen para los hombres como veíamos más arriba. Los y las profesionales de Psicología sabemos que, por lo general, los hombres acuden menos a consulta, pese a que las estadísticas hablan de que son ellos los que mayor número de trastornos presentan, y los que más lo necesitan.

No nos arriesgamos al afirmar que la principal variable que media en este fenómeno es la habilidad para buscar ayuda. Es decir, todo el conjunto de comportamientos que llevan a las personas a que cuidemos nuestra salud física y psicológica.

El modelo en el que se educa a las mujeres en detrimento de los hombres fomenta que aquéllas con dificultades relacionadas con su salud psicológica reconozcan sus problemas antes y mejor, y sean capaces de buscar ayuda profesional. También, si el recurso profesional no está cerca o no es asequible, ellas tienen mayor éxito a la hora de poner en marcha diferentes estrategias como compartir sus problemas o apoyarse en su red social.

Por poner algún ejemplo, una vez llegada la jubilación, si sobreviene una separación, divorcio o la viudedad, ellos tienden a una peor integración del nuevo estatus vital que ellas; por lo general, mantienen peores redes sociales y experimentan más depresiones asociadas. También, en la tristemente conocida violencia de género, los hombres agresores suelen presentar alta prevalencia de trastornos relacionados con el consumo de alcohol u otras sustancias, dificultades con la gestión de la ira o la ansiedad y depresión. Siendo muchas veces la violencia contra sus parejas, exparejas e incluso hijos/as la forma de vehicular unas dificultades que podrían ser resueltas en el ámbito psicológico.

Los hombres agresores suelen presentar alta prevalencia de trastornos psicológicos.

Los hombres agresores suelen presentar alta prevalencia de trastornos psicológicos.

EN CONCLUSIÓN

Que los hombres se impliquen en el cuidado de su salud psicológica es un cambio fundamental que debe hacerse para evitar nefastas consecuencias. Probablemente, por cómo nos educan, el mayor escollo a superar es la creencia habitual de competitividad y perfeccionismo ante las dificultades, la convicción general que comparten muchos hombres de que sus problemas no existen, no son tan graves o que ellos pueden superarlos solos, sin ayuda.

Detrás de los altos índices de suicido, de accidentes mortales, de muertes violentas (tanto de hombres como de mujeres) hay hombres con una salud psicológica llevada al extremo, que podría haberse solucionado, entre otros factores, si hubieran sido detectados e intervenidos a tiempo.

Es necesario empezar a desterrar la creencia de hombres y mujeres de que los hombres deben mostrarse fuertes en todo momento y ser capaces de solucionar cualquier problema. Hay dificultades que requieren de ayuda profesional para ser superadas o aceptadas, y de eso en Terapia y Más sabemos bastante. Y si quieres empezar a cambiar ya sabes, déjate bigote este noviembre y cuando te pregunten, ¡a concienciar!

Daniel Santacruz. Psicólogo y Sexólogo en Terapia y Más.

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(1) http://www.who.int/healthinfo/global_burden_disease/estimates/en/index1.html

(2)  http://pestadistico.inteligenciadegestion.msssi.es/publicoSNS/comun/DefaultPublico.aspx

(3)  Barlow, D. H. y Durand, V. M. (2003). Psicopatología. Madrid: Paraninfo.