Los problemas forman parte de la vida y los hijos e hijas tendrán que enfrentarse a ellos en cualquier momento. A pesar de tratarse de algo inevitable, cuando llega el momento de afrontarlos muchos niños no disponen de las estrategias adecuadas puesto que no las han aprendido.
Cuando el niño o niña presenta un conflicto en su vida diaria, los padres o los otros cuidadores pueden tener diferentes reacciones:

  • Algunos, con el fin de evitar sufrimientos innecesarios al hijo, tienden a resolverles los problemas. A pesar de las buenas intenciones, el niño o niña no aprenderá a enfrentarse a sus dificultades y, en el futuro, le costará más valerse por sí mismo. Sin quererlo estarán fomentando su dependencia y minimizando su capacidad de reacción ante los problemas cotidianos.
  • En otros casos, los padres pueden entrar en un ciclo de preocupación desmesurada, lo que puede generar una sobreprotección que limite las experiencias del niño
  • Otros padres pueden sentirse perdidos, sin saber cómo actuar y hasta qué punto intervenir en los problemas de su hijo. ¿Cómo le puedo ayudar? ¿Es conveniente que intervenga o le dejo resolverlo sólo? ¿Hasta dónde debo intervenir? Son algunas de las preguntas que pueden plantearse.

Aunque la finalidad de dichas reacciones paternas es ayudar al niño/a en lo posible, generalmente resultan en que los hijos no aprenden estrategias de solución de problemas adecuadas y en que sus problemas se mantienen.
El niño o niña necesita aprender a resolver sus dificultades de manera independiente. La familia juega un papel protagonista en la enseñanza de las estrategias apropiadas. Sus preocupaciones bien encauzadas serán un arma muy potente para que el niño o la niña conozca y utilice diferentes estrategias a la hora de enfrentarse a los problemas, y para facilitar su desarrollo integral.
Si los padres disponen de adecuadas estrategias de solución de problemas, se las podrán transmitir tanto de forma directa (explicando cómo hacerlo) como indirecta (llevándolas a cabo para que ella o él puedan observarlas). De este modo, el niño o niña podrá aprender a prevenir posibles problemas, a analizarlos y a buscar soluciones adecuadas para ponerlas en práctica más tarde; en definitiva, a resolver conflictos eficazmente.

LA SOLUCIÓN DE PROBLEMAS

Para enseñar al niño esta herramienta, es conveniente que la familia la conozca y la aplique en el día a día.
La solución de problemas consta de varias fases y permite aclarar cuál es el problema, cuáles pueden ser sus causas, cuáles las posibles soluciones, las consecuencias de cada una de ellas y cómo tomar decisiones para actuar.
Para entrenar, coge lápiz y papel, elige cualquier dificultad que tengas actualmente y contesta a las preguntas del siguiente cuadro. Podrás comprobar lo clarificador que resulta y cómo ayuda a sentirnos más seguros ante las dificultades y su solución:

FASES PARA SOLUCIONAR PROBLEMAS DE MANERA EFICAZ

1. Reconozco que tengo un problema.
2. “Mi problema es…”. Describo el problema de forma concreta.
3. ¿Cuántas y cuáles son las soluciones que puede tener el problema?
4. ¿Qué acciones puedo poner en práctica para lograrlas?
5. ¿Qué consecuencias positivas o negativas puede tener cada una de las soluciones anteriores?
6. Escojo la solución con menos consecuencias negativas y con más positivas.
7. ACTÚO. Pongo en práctica la solución escogida.

LA SOLUCIÓN DE PROBLEMAS DE L@S HIJ@S

(1) Antes de enseñar al niño o niña a solucionar problemas eficazmente, es conveniente romper con falsas creencias.
En el cuadro siguiente aparece una columna con pensamientos inadecuados y otra con pensamientos más adecuados. Lee detenidamente la lista de pensamientos inadecuados y si te sientes identificado/a con alguno de ellos, pasa al pensamiento adecuado que le corresponde y reflexiona sobre ello. Tener pensamientos adecuados sobre los problemas del niño, nos permitirá entenderle mejor.

PENSAMIENTOS INADECUADOS SOBRE LOS PROBLEMAS PENSAMIENTOS ADECUADOS SOBRE LOS PROBLEMAS
Es terrible tener un problema. Es normal tener problemas. No es agradable pero tampoco insoportable.
Los niños/as no tienen problemas. Sólo mi hijo/a tiene problemas. Los problemas se pueden evitar. Muchos niños y niñas tienen problemas y puede pasar antes o después. Esto forma parte de la vida y no lo podemos evitar.
Sólo las personas mayores tienen problemas. Todas las personas, niñas o adultas, tienen problemas.
Si mi hijo tiene un problema, tengo que reaccionar rápidamente. La mejor solución no suele ser la primera que se nos ocurra. Es necesario tomarse un tiempo para pensar y tratar de ser lo menos impulsivo posible.
Hay personas que nacieron con una habilidad especial para solucionar problemas. Mi hijo no dispone de esa habilidad y no puede hacer nada para solucionarlos. Aunque es inevitable tener problemas, se puede encontrar una forma satisfactoria de enfrentarnos a ellos. Todas las personas pueden aprender a solucionarlos.
Todos los problemas tienen solución. No todos los problemas tienen solución.
Siempre hay una solución perfecta para un problema, debo encontrar esa solución y enseñársela a mi hijo/a. No siempre hay una solución perfecta porque los problemas tienen varias posibles soluciones. Enseñaré a mi hijo/a a tomar decisiones convenientes.
Las personas mayores deben solucionar los problemas de los hijos/as porque saben más de la vida. Los niños no siempre necesitan la ayuda de los adultos para resolver problemas.
Las emociones son inútiles y no nos ayudan a solucionar problemas Los sentimientos son señales que nos avisan de la presencia de problemas.
PENSAMIENTOS INADECUADOS SOBRE LOS PROBLEMAS PENSAMIENTOS ADECUADOS SOBRE LOS PROBLEMAS

Es terrible tener un problema. Es normal tener problemas. No es agradable pero tampoco insoportable.
Los niños/as no tienen problemas. Sólo mi hijo/a tiene problemas. Los problemas se pueden evitar. Muchos niños y niñas tienen problemas y puede pasar antes o después. Esto forma parte de la vida y no lo podemos evitar.
Sólo las personas mayores tienen problemas. Todas las personas, niñas o adultas, tienen problemas.
Si mi hijo tiene un problema, tengo que reaccionar rápidamente. La mejor solución no suele ser la primera que se nos ocurra. Es necesario tomarse un tiempo para pensar y tratar de ser lo menos impulsivo posible.
Hay personas que nacieron con una habilidad especial para solucionar problemas. Mi hijo no dispone de esa habilidad y no puede hacer nada para solucionarlos. Aunque es inevitable tener problemas, se puede encontrar una forma satisfactoria de enfrentarnos a ellos. Todas las personas pueden aprender a solucionarlos.
Todos los problemas tienen solución. No todos los problemas tienen solución.
Siempre hay una solución perfecta para un problema, debo encontrar esa solución y enseñársela a mi hijo/a. No siempre hay una solución perfecta porque los problemas tienen varias posibles soluciones. Enseñaré a mi hijo/a a tomar decisiones convenientes.
Las personas mayores deben solucionar los problemas de los hijos/as porque saben más de la vida. Los niños no siempre necesitan la ayuda de los adultos para resolver problemas.
Las emociones son inútiles y no nos ayudan a solucionar problemas Los sentimientos son señales que nos avisan de la presencia de problemas.

(2) Transmite al niño o niña que los problemas son normales e inevitables y que tiene que aprender a afrontarlos porque a lo largo de su vida irán surgiendo.
No es necesario esperar a que el niño tenga algún problema para enseñarle a resolverlo. Estos pasos se pueden aprender en situaciones planteadas a través de juegos. Así lo automatizará y lo pondrá en práctica cuando surjan los problemas reales.
Si los problemas ya han surgido, aprovecha el momento para mostrarle estrategias de solución de problemas más adecuadas que las que ha utilizado hasta ahora.
El momento y el entorno de aprendizaje también son importantes. Escoge momentos en los que estéis a solas, sin prisas ni distracciones.
Recuerda que, durante todo el proceso, puedes proporcionar ayuda al niño o niña pero debe ser mínima y dirigida a fomentar la creación de nuevas alternativas. No hay una forma única y perfecta de solución de problemas, sino que tendrá que aprender a elegir la que mejor se adapte a cada momento.

(3) El niño tendrá que aprender a reconocer las señales que su cuerpo le transmite para advertirle de que se encuentra ante un aprieto. Ante las mismas situaciones las personas reaccionamos de diferentes formas. Lo que para uno puede ser un problema, para otro puede no serlo. Podemos saber si el niño/a vive una situación como un problema observando sus reacciones que también nos darán información sobre posibles sentimientos y emociones negativas.
Por ejemplo, un niño puede perder jugando y no experimentar sentimientos desagradables. Sin embargo, otro puede enfadarse y llorar. Es conveniente aprovechar estos momentos para explicarle que los sentimientos, emociones y reacciones que está experimentando son la señal encargada de indicar que se encuentra ante una situación que es un problema para ella o él.

(4) Una vez que el niño o niña sea capaz de identificar su problema, deberá aprender a definirlo. Para ayudarle, le podemos pedir que conteste a las siguientes preguntas, sin olvidar adaptarlas a su edad:

  • ¿Quién tiene el problema?
  • ¿En qué consiste?
  • ¿Por qué es un problema para mí?
  • ¿A qué áreas de mi vida afecta?
  • ¿A qué otras personas afecta?
  • ¿Desde cuándo lo tengo?

(5) El siguiente paso consistirá en elaborar una lista de alternativas de solución. Si el niño tiene dificultad para hacerlo, puedes pedirle que se imagine a su personaje de ficción preferido teniendo el mismo problema y resolviéndolo o que piense en cómo abordó situaciones parecidas en el pasado. Aunque lo ideal es que las alternativas partan del niño, los padres pueden hacer sugerencias.

(6) Cuando el niño/a tenga la lista hecha, podéis pensar en las ventajas e inconvenientes que tiene cada alternativa. Así se barajan las soluciones y se toma la decisión más apropiada. Es recoemndable elegir la solución que:

  •  …consiga eliminar los sentimientos de malestar.
  •  …no ocasione daño a los demás.
  •  …más ventajas y menos perjuicios aporte.

(7) Una vez que la solución esté elegida, conviene que el niño piense en los pasos para ponerla en práctica. Entonces se sentirá más seguro/a cuando vaya a realizarla puesto que podrá anticipar posibles dificultades, pensar en estrategias para superarlas y habrá afrontado cierto miedo a la incertidumbre.

(8) Tras haber puesto en práctica la solución elegida, el niño deberá aprender a evaluar los resultados logrados. Le ayudará contestar a las siguientes preguntas:

  • ¿Qué pasó? ¿Cuáles son los resultados?
  • ¿Cómo afronté el problema?
  • ¿Qué debo cambiar para la próxima vez?

Es recomendable que además de la satisfacción personal que pueda sentir el niño/a por haber sido capaz de resolver su problema, reciba refuerzo de los padres o los otros familiares por cada avance aunque sea mínimo mediante elogios y gestos como caricias, abrazos o besos. Esto ayudara a mejorar su forma de afrontar los problemas y que en el futuro repita los pasos aprendidos.

La práctica de esta estrategia permite que el niño o niña aprenda a reflexionar sobre los problemas, a afrontarlos de manera más segura y a desarrollar su inteligencia emocional. Además, clarifica a los padres cómo actuar y si deben intervenir o no en los problemas del hijo, lo que evita preocupaciones innecesarias.

Julia Silva García. Psicóloga y Sexóloga de Terapia y Más.

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.