Sí, claro que sí, como todo el mundo del universo. La pregunta correcta sería ¿la estoy gestionando bien? Como decíamos en la entrada anterior, la ansiedad en sí no es un problema, pero puede serlo.

Algunas claves para saber si tu gestión de la ansiedad es problemática:

  1. Tipología.

La respuesta de activación/ansiedad se manifiesta en tres ámbitos distintos y las personas que tienen dificultades en el manejo de la ansiedad pueden identificarse con uno o varios de estos ámbitos.

Ansiedad física o fisiológica: cuando la respuesta se manifiesta a través de síntomas y sensaciones corporales que ya conocemos. Los más habituales son tensión muscular, taquicardia, hiperventilación, sudoración y concentración; pero también puede manifestarse a través de temblores, ganas de vomitar, ganas de orinar, molestias gástricas, rubor y sensaciones de acaloramiento, sensación de presión en el estómago, pecho o nudo en la garganta, sequedad de boca, etc.

A largo plazo, la activación fisiológica constante puede tener consecuencias muy perniciosas como dolores musculares (sobre todo en espalda y mandíbula), úlceras gástricas, problemas de diarrea, problemas de sueño y pesadillas, hipertensión, cansancio constante, bajo deseo erótico…

Ansiedad cognitiva o mental: cuando la activación/ansiedad aparece a través de pensamientos. Una de las formas más importantes que tenemos las personas de aprender a manifestar y gestionar nuestra ansiedad son nuestros propios pensamientos, que se desarrollan en relación al lenguaje (de nuestra familia y nuestro entorno).

Nuestra forma de pensar puede estar relacionada con un mal manejo de la ansiedad cuando empleamos términos muy extremos (“todo o nada”, “siempre o nunca”) y etiquetas (“bueno”, “malo”, “inútil”, “injusto”). También cuando anticipamos lo que va a ocurrir (“me va a volver a pasar”, “mejor no digo nada porque…”), sobre todo cuando es negativo (“será horrible”, “no podría soportarlo”) y/o exagerado (“me voy a morir”, “me va a dejar”, “no me va a querer nadie”). Incluso pueden aparecer formas de pensar devaluativas hacia uno/a mismo/a (“todo lo malo me ocurre a mí”, “siempre tengo mala suerte”).

Esta forma de pensar constante tiene sus consecuencias: preocupaciones, sensación de estar siempre alerta, inquietud, darle vueltas a las cosas, cuesta pensar y concentrarse, sólo se recuerda lo malo y negativo, inseguridad y un largo etcétera. También se puede traducir en actitudes rígidas e inflexibles o actitudes irritables y agresivas.

Ansiedad conductual: cuando se manifiesta en lo que hacemos y decimos (y en lo que no hacemos o no decimos). Por ejemplo, algunas formas habituales de estar manejando mal la ansiedad son los comportamientos repetitivos y/o compulsivos como no parar de moverse o mover alguna parte del cuerpo, morderse uñas y padrastros, juguetear con objetos.

Otra gran familia de signos de la ansiedad tiene que ver con cómo nos relacionamos con los demás, sobre todo si partimos de las actitudes pasivas e inhibidas (no expresar nuestros deseos e ideas, callarnos ante algo que nos molesta…) y de las agresivas e irritables (expresar en demasía nuestros deseos e ideas, gritar, saltar ante cualquier cosa…).

Por último, también pueden estar relacionados con un mal manejo de la ansiedad los bloqueos (quedarme sin poder hacer o decir nada) o rendir menos en las actividades habituales; o bien, mostrarse inquiet@ y nervios@ moviéndose constantemente, gesticulando mucho, cambiando de postura.

Morderse las uñas es un síntoma clásico de ansiedad.

  1. Intensidad y duración.

Todos estos síntomas por separado, con una intensidad moderada o experimentados de forma breve o aislada no suelen dar problema, pero cuando no somos capaces de desconectar de nuestros pensamientos preocupantes durante días o semanas, cuando nuestros bloqueos nos impiden tareas necesarias o experimentamos una crisis de ansiedad (todos estos síntomas, a la vez y de forma intensa) pueden ser ejemplos de un mal manejo de la ansiedad.

  1. Adecuación.

Muchas situaciones, y sobre todo en entornos estresantes como las grandes ciudades o situaciones estresantes como un accidente de coche, recuerda que exigen nuestra respuesta de activación/ansiedad.

No es raro sentirse ansioso (e incluso tener un ataque de ansiedad) ante el riesgo de muerte de un familiar por ejemplo, o estar muy preocupado y no dejar de darle vueltas a un inminente despido en el trabajo.

Pero si estás experimentando estos síntomas en momentos en los que la mayoría de la gente no lo haría (como un parcial de matemáticas, estar en un atasco o al recordar ese momento del día en el que no pudiste decir lo que pensabas) puede que no estés gestionando tu ansiedad de forma adecuada.

  1. Tu propia diversidad.

Incluso en situaciones muy extremas, hay personas capaces de mantener la calma y manejar su ansiedad. Las características anteriores son solo ejemplos generales, hay un sinfín de variables que pueden originar o mantener una mala gestión de la ansiedad. Lo importante es que si crees que puede estar afectándote, busques ayuda.

 

¿PUEDO GESTIONAR MI ANSIEDAD?

Rotundamente sí. La respuesta de activación/ansiedad se aprende a gestionar. Y todas y todos tenemos nuestras estrategias. Evitar o escapar de una situación, tomarse un Orfidal, comentar nuestros problemas con nuestros familiares y amig@s, comer sin control, analizar una situación y pensarla de otra manera, aguantar y aguantar hasta explotar o beberse una botella de vino son algunas de las formas en las que las personas manejan una ansiedad que les resulta negativa.

Pero no siempre funcionan. Hay algunas que nunca son una buena opción, otras que dependen según la situación y otras que pueden valer para casi todas las ocasiones. Tampoco es fácil analizar qué estrategias poner en marcha, por lo que muchas veces puede necesitarse ayuda externa para desarrollar nuevas estrategias o saber cuándo utilizar cada una.

Algunas herramientas para aprender a gestionar la ansiedad son:

  1. La relajación. ¿Recuerdas que la forma de calmar al sistema simpático era el sistema parasimpático? Bueno, pues muchas formas de activación del sistema parasimpático ayudan a relajar y controlar la ansiedad. La respiración diafragmática, la relajación muscular, algunas prácticas deportivas como el yoga, los efectos positivos del deporte y las relaciones sexuales ayudan a combatir la ansiedad, sobre todo la fisiológica.
  2. Pensar de otra forma. Las personas que son capaces de tomarse una situación con humor o analizar un evento para buscar la solución más óptima en lugar de la primera que se le ocurre ponen en marcha pensamientos que les permiten comportarse así. Un objetivo de la terapia cuando existe ansiedad es aprender a pensarla de otra forma.
  3. Aprender nuevos comportamientos. Depende de cada caso, pero aprender nuevas formas de comunicarse, aprender a dejar de comprobar o desconfiar son grandes objetivos que implican cambios en la forma de pensar, pero también la forma de actuar, hablar, callar…

El yoga es una práctica beneficiosa demostrada contra la ansiedad.

Como ves, simplemente arrojar cierta luz sobre qué es y qué no es la ansiedad puede facilitar las cosas. Si crees que podríamos ayudarte, no dudes en contactarnos y si quieres saber más sobre las formas específicas en las que aparece la ansiedad, espera a la siguiente entrada.

Daniel Santacruz. Psicólogo clínico y sexólogo en Terapia y Más.

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