En las anteriores entradas hemos hablado de algunos aspectos básicos sobre qué es la respuesta de ansiedad y cómo podemos llegar a manejarla de una forma que nos traiga más perjuicio que beneficio.

Con esta última entrada veremos qué problemas pueden derivarse de una mala gestión de la ansiedad y qué dificultades están directa o indirectamente relacionados con ella.

Una puntualización previa, aunque ahora utilizaremos varias veces la palabra “trastorno”, ésta tiene como función identificar más fácilmente de lo que estamos hablando, puesto que para nada estamos de acuerdo en que la ansiedad o su mala gestión sea una etiqueta que defina tan precisamente y con tanto peso las dificultades de una persona.

 

Dificultades directamente relacionadas con el manejo de la ansiedad

 

Ataque de ansiedad

Una de las características de la activación/ansiedad es que se trata de una respuesta gradual. Cuando experimentamos un miedo muy intenso, pasamos de 0 a 100 en pocos segundos, pero la ansiedad suele tardar algo más en alcanzar sus cotas más altas, y la mayoría de personas ponemos en marcha estrategias para evitar llegar a su punto álgido y ponernos como una moto. Pero otras no.

Un ataque de ansiedad sería una crisis incontrolable en la que la ansiedad alcanza sus cotas máximas. Se experimentan síntomas físicos muy extremos (taquicardia, hiperventilación, tensión muscular) y la sensación subjetiva es de absoluto malestar. Este episodio puede llegar a durar horas. Aquí tenéis retratado un ataque de ansiedad ante una fobia a plumas.

Lo positivo es que nuestro cuerpo no puede aguantar ese estado durante mucho tiempo, y la ansiedad empieza a disminuir lenta y progresivamente. Muchas veces, el ataque de ansiedad se encuentra en el origen de otras problemáticas.

 

Fobias

Fobia es la palabra latina para miedo y de eso se trata. Un miedo exagerado e incontrolado a alguna situación u objeto. Todas las personas tenemos respuestas de miedo agudas ante ciertas situaciones como riesgo de enfermedad o muerte, oscuridad, animales salvajes o abismos. Y aprendemos a controlarlos de forma más o menos eficaz.

Pero otras personas pueden desarrollar respuestas incontrolables de miedo ante estos estímulos u otros que al resto no nos parecerían peligroso. Como tal, cualquier cosa podría generar una fobia (sólo tienes que mirar los interminables listados que aparecen por Internet), pero las más frecuentes tienen que ver con fobias a animales, miedo a la oscuridad, miedo a la sangre o a las agujas, miedo a conducir, miedo a montar en avión, miedo a tragar (sobre todo en niñ@s) o miedo a las alturas.

Tres de ellas merecen especial atención:

  • La agorafobia y la claustrofobia, que se suelen entender como miedo a espacios abiertos y cerrados respectivamente. Generalmente tienen más que ver con el miedo a que ocurra un ataque de ansiedad y nadie pueda ayudarte. Por eso las personas con agorafobia/claustrofobia temen cosas como salir a la calle, estar en sitios abarrotados de gente, montar en ascensor, conducir, etc.
  • La hipocondría, es el miedo irracional y constante a enfermar, morir o que le ocurra algo a nuestra salud o la de otros. Se solapa en buena medida con el TOC (que veremos más adelante) y tiene una diferencia fundamental con el resto de dificultades: el estímulo que la provoca, suele venir de dentro (no es habitual encontrase a gente muy preocupada e incluso con ataques de ansiedad porque el corazón les latía demasiado rápido o demasiado lento).
  • La fobia social es el miedo a que las personas nos rechacen (familia, amig@s, personas que nos atraen, personas desconocidas, etc.). Sería una timidez exagerada o que impide relacionarse con apenas nadie. No suele tener tanta activación física como cognitiva (darle muchas vueltas a lo que ha ocurrido o puede ocurrir) y conductual (no hablar, no expresar).

 

Ansiedad generalizada

Hablamos de esta categoría cuando todo genera una respuesta de ansiedad o al menos todo lo relacionado con algún área vital (escuela y trabajo, familia, relaciones sociales). Obviamente, todo no genera constantemente ataques de ansiedad, pero sí una sensación desagradable, malestar, puntuales ataques de ansiedad, diferentes combinaciones de síntomas, preocupación constante por que pueda pasar algo malo y no se pueda controlar, etc.

 

Trastorno Obsesivo-Compulsivo

Ordenar objetos es una de las manifestaciones del TOC.

Es una forma de expresión de la ansiedad en la que un pensamiento o idea irracional o distorsionada (vg. “mi familia va a morir”, “la gente no va a entender lo que digo”, “esto puede servirme en algún momento”, “las cosas están mejor ordenadas como yo digo”) genera un malestar que sólo se calmar realizando un comportamiento repetitivo (vg. “abrir y cerrar varias veces una puerta”, “preguntar -¿lo has entendido?- todo el rato”, “guardar todas las pinzas y tuercas que encuentras en la calle” o “ordenar constantemente objetos”).

De nuevo hay que distinguir entre lo que son manías que tod@s tenemos y un problema, cuando la intensidad, la frecuencia o la forma o formas de manifestarlo son preocupantes.

Además, el trastorno obsesivo-compulsivo puede estar relacionado con otras manifestaciones de la ansiedad como la hipocondría, los trastornos dismórficos (obsesionarse con el tamaño o forma de alguna parte del cuerpo) o los trastornos de la conducta alimentaria que veremos más adelante.

 

Estrés

Hablamos de estrés cuando el estado de activación/ansiedad se mantiene a niveles bajos o medios durante un tiempo considerable (años) produciendo un gran desgaste en el individuo.

Suele relacionarse con la activación que supone la falta de recursos (tiempo, habilidades, personal) para realizar alguna tarea importante, por eso, se identifica habitualmente con el ámbito laboral o escolar.

Las personas con estrés se encuentran en un constante estado de activación, preocupación o alerta ante peligros o desafíos. Trabajos muy demandantes pueden facilitar estas dificultades (como las fuerzas de seguridad, l@s controladores aéreos…) pero también condiciones aversivas en trabajos menos exigentes (el famoso mobbing y el bullying) pueden generar estrés. Y sí, la gran mayoría de la población occidental vive en un estado de estrés por las demandas de la sociedad en cuanto a familia, trabajo, imagen corporal, ocio y un largo etcétera.

Tiene un efecto bastante pernicioso en el cuerpo por efecto de la activación simpática constante y la liberación de cortisol (un derivado de la adrenalina), así que a la larga las personas desarrollan problemas musculares, cardiacos, digestivos o inmunes entre otros.

 

Estrés post-traumático

Se habla de estrés agudo cuando surgen una respuesta de activación/ansiedad intensa y duradera tras afrontar un evento exageradamente peligroso (como presenciar un atentado terrorista, una violación o la muerte directa de un familiar). Incluso puede cursar con síntomas disociativos (amnesias y fugas).

Si una vez superado este estado, meses e incluso años después aparecen síntomas de ansiedad sin causa aparente y se reviven intensamente las escenas generando un gran malestar hablaremos estrés postraumático.

Este efecto de la ansiedad empezó a investigarse a raíz de los recuerdos que sobrevenían a soldados americanos supervivientes de la guerra de Vietnam como bien retrataron películas como Taxi driver (1976) o Acorralado (1982).

 

Trastornos adaptativos

Suelen ser los que más se diagnostican en Psiquiatría y en Psicología y tendrían que ver con las reacciones habituales de activación/ansiedad ante eventos aversivos para la persona.

Es habitual encontrarse problemas de ansiedad después de crisis vitales (como duelos, separaciones, episodios de maltrato), problemas relacionales (discutir acaloradamente con un familiar o amigo, con la pareja) e incluso laborales/escolares (al cambiar de colegio o trabajo, al sufrir un ataque por parte de un compañero).

Un accidente de tráfico, una lesión o una muerte pueden desembocar en problemas de ansiedad.

Trastornos somatomorfos

Habitualmente son dolores y afectaciones que las personas experimentan y a los que l@s especialistas médicos no encuentran causa u origen físico aparente. Curiosamente, con síntomas relacionados con efectos crónicos y a largo plazo de la respuesta activación/ansiedad del sistema simpático (dolores musculares crónicos -sobre todo en espalda y mandíbula-, trastornos digestivos –colon irritable-, cutáneos –psoriasis-, etc.).

Se solapan habitualmente con hipocondría o con personas aprensivas y preocupadas en exceso por su salud. ¡Ojo! Que no quiere decir que todos los dolores tengan un origen relacionado con la ansiedad, pero a l@s psicólog@s no nos sorprende encontrar estos tipos de dolencias en personas “ansiosas”.

Otro ejemplo sería la conversión, que ocurre cuando alguna situación muy estresante se traduce en una dolencia física específica (como ceguera o parálisis de algún músculo). El neurótico director que pierde la vista en Hollywood Ending (Woody Allen, 2002) sería un buen ejemplo de conversión.

 

Dificultades indirectamente relacionadas con el manejo de la ansiedad

 

Habilidades sociales y dificultades relacionales

Las habilidades sociales (HHSS) son todas aquellas herramientas verbales y no verbales que empleamos las personas para comunicarnos con los demás (desde dar una conferencia al comité ejecutivo de nuestra empresa, llamar por teléfono a nuestra madre, pedir en un restaurante o besarse pueden considerarse actos comunicativos).

Habitualmente, las HHSS de las personas responden a tres estilos: pasivo o inhibido, agresivo y asertivo. Los estilos inhibido y agresivo suelen estar movidos por la respuesta de activación/ansiedad, en unos se evita (no expreso mi opinión, no te digo que algo me ha molestado, no soy capaz de negarme a tus peticiones) y en otros se afronta mediante un ataque más o menos deliberado (pego cuatro voces cuando me piden algo, levanto la voz e insulto, te digo que no me pasa nada cuando es evidente que sí, etc).

Las personas que acuden a la clínica con problemas con otros miembros de su entorno (padres, hij@s, amig@s, compañer@s de trabajo…) suelen presentar habilidades sociales poco adaptadas para solucionar estos problemas y una de las razones es el mal manejo del malestar o la angustia que me supone afrontar una situación de forma eficaz (por ejemplo, expresar mi opinión sin alterarme).

Las habilidades sociales modulan todas nuestras experiencias

Dificultades con la Respuesta Sexual

Un mal manejo de la activación/ansiedad suele jugar un papel clave en muchas de las dificultades que hombres, mujeres y parejas nos cuentan en terapia sobre los terrenos del eros.

Y es que ansiedad y excitación son dos caras de una misma moneda, que deben guardar un sereno equilibrio: demasiada ansiedad y nuestra excitación se convertirá en frustración, demasiada poca, y no estaremos lo suficientemente animad@s para pasárnoslo bien.

Un mal manejo de la respuesta de ansiedad/activación suele estar detrás de muchas de las fluctuaciones de la erección, las tensiones de los músculos pélvicos que impiden la penetración, la incapacidad para experimentar orgasmos o la falta de control eyaculatorio.

 

Trastornos de la Conducta Alimentaria

En este tipo de dificultades influyen una amplia variedad de factores entre los que se encuentra la gestión de la ansiedad. Por ejemplo, en la famosa anorexia y la bulimia, el miedo a engordar, a verse fea/o, a perder la figura… suelen estar detrás de las restricciones alimentarias y los vómitos.

También, como en el ejemplo que señalábamos más arriba, una copiosa comida suele activar nuestro sistema parasimpático (la digestión depende de él), por lo que no es raro encontrarse atracones, sobre todo de dulces, asociados a dificultades de gestión de la ansiedad con la pareja, el trabajo, la familia o los amigos.

 

Consumo de sustancias

No podía faltar. Aunque también en estos casos suele

El consumo de muchas sustancias se asocia a la ansiedad.

n influir muchos otros factores extra, principalmente el efecto adictivo de la sustancia en sí, la ansiedad puede encontrarse entre ellos en buena medida. Al fin y al cabo, el uso de sustancias psicoactivas (llámense alcohol u Orfidal) para templar los nervios se ha utilizado desde siempre.

Los depresores del sistema nervioso (alcohol, heroína, marihuana) suelen llevarse la palma: como no quiero sentirme nervios@, busco alguna sustancia que me calme. No obstante, los activadores (cocaína, anfetaminas) nos ofrecen la misma explicación: como no quiero sentir ansiedad, voy a ver si siento otras cosas. Poca broma.

 

Trastornos del sueño

Muchos casos de insomnio y pesadillas se manifiestan en paralelo a alguna mala gestión de la ansiedad. Al fin y al cabo, uno puede ser incapaz de dejar de darle vueltas a las cosas y la ansiedad tiende a activarnos. Prepárate para comer techo.

 

Perfeccionismo

Se trata de una actitud, de un estilo de pensamiento e incluso hay quien llega a decir que una completa “personalidad” derivada de una mala gestión de la activación/ansiedad.

Las personas perfeccionistas se caracterizan por una rigidez e inflexibilidad mental constante y una interpretación desde la ansiedad cuando algo no se corresponde con lo que ell@s esperaban.

Es característica del perfeccionismo una forma de pensar basada en juicios de valor, términos absolutos, incapacidad para ceder ante las diferencias con la forma de pensar de otra persona, etc. que suele traer bastantes problemas en todas las áreas vitales de un individuo.

 

Dificultades de pareja

En el marco de la pareja, un mal manejo de la ansiedad de uno o ambos miembros puede ser fatídico para la relación. Convivir con alguien que desarrolla alguno de los trastornos anteriormente citados no cabe duda que influye en la relación de pareja; además, uno de los síntomas habituales que nos encontramos en clínica como resultado de una gestión deficiente en la ansiedad es la falta de deseo, que afecta directamente a la pareja.

Expectativas demasiado altas, atribuciones erróneas, creencias irracionales sobre la pareja, actitudes y estilos de comunicación pasivos o agresivos son algunas de las dificultades más frecuentes en las relaciones de pareja que, a menudo, coinciden con estrategias deficitarias a la hora de manejar el propio malestar.

Un lugar especial en este tipo de problemas lo tienen los celos, sobre todo aquellos celos especialmente negativos e incapacitantes por la pareja. Y es que la posibilidad de que nuestra pareja pueda estar engañándonos, pueda querer dejar la relación o pueda querer a otra u otras personas más que a uno mismo, supone un evento ansiógeno para muchas personas.

 

Control de impulsos

El autocontrol es la capacidad de ponerle límites a todos nuestros deseos y voluntades. No siempre podemos hacer lo que queremos hacer. Y a muchas personas les cuesta fomentar esta habilidad. El consumo de sustancias (entre ellas el alcohol), el juego patológico, las explosiones de ira, etcétera, tienen que ver con el control de impulsos.

Muchas veces, cuando las personas son conscientes de que no son capaces de ponerle freno a esas conductas, pueden aparecer dificultades con el manejo de la ansiedad.

El juego patológico tiene un alto componente ansiógeno.

Estado de ánimo

Una de las consecuencias a largo plazo que puede tener esta ansiedad “negativa” es el bajo de estado de ánimo (comúnmente, depresión). Efectivamente, las personas nos ponemos muy tristes cuando tenemos problemas y/o cuando no conseguimos superarlos.

No es raro encontrarse en terapia a personas que vienen con síntomas depresivos (desmotivación, desgana, incapacidad para disfrutar, abandono de actividades gratificantes, llantos, baja autoestima) y, en cuanto empiezas a preguntar, se descubren como un@s ansios@s en potencia.

 

Como ves la ansiedad tiene múltiples manifestaciones y es más frecuente de lo que pensamos. Si consideras que puedes tener alguna dificultad en su manejo, no dudes en contactar con nosotr@s.

Daniel Santacruz. Psicólogo Clínico y Sexólogo en Terapia y Más.

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