“Le dio un ataque de ansiedad”, “…es que como sin parar por ansiedad”, “Vámonos de aquí que me da ansiedad”, “Está demasiado ansioso/a, debería relajarse”… Probablemente más de una vez has escuchado nombrar la ansiedad e incluso la has sentido en tus propias carnes. ¿Pero sabemos de lo que hablamos al hablar de ansiedad?

La gente describe habitualmente la ansiedad como un estado o sensación general de malestar, angustia, agobio, incertidumbre, etc. que invade todo el cuerpo, que viene y va a su antojo y que te puede bloquear o impedirte disfrutar de una situación. Y no van desencaminados.

Como para explicar cosas, nadie como griegos y romanos, el término “ansiedad” proviene de anxius (angustiado o nervioso) y éste del verbo angere, que significaba estrechar u oprimir y del que nos vienen palabras como angina, congoja, estrangular, angosto, angustia, ansia (e incluso la anger inglesa). Vaya mala fama, desde luego todo parece estar de acuerdo en lo malo y pernicioso de este estado.

Pero, aunque pueda parecer lo contrario, la ansiedad tiene más ventajas que inconvenientes. Arrojemos algo de luz contestando a estas preguntas.

¿Qué es exactamente la ansiedad?

Pues técnicamente, la ansiedad es otra forma de llamar a nuestra respuesta de activación.

Antes de seguir, una pequeña explicación. Nuestro sistema nervioso (cerebro y nervios) está perfectamente ordenado, tiene una parte controlable –el sistema nervioso central– que se encarga de todo lo “voluntario” como trabajar, seguir una receta o pintar un cuadro; y un piloto automático –el sistema nervioso autónomo– que se encarga de toda la actividad de fondo (latir, respirar, digerir). El sistema autónomo tiene dos ramas: la simpática encargada de activar y la parasimpática encargada de relajar.

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El sistema simpático y el sistema parasimpático (1)

Imagínate volviendo sol@ a casa, de noche, nadie por la calle y alguien empieza a caminar detrás de ti. Muchas personas sentirán miedo y comenzarán a andar más deprisa. Pero antes de que esa respuesta voluntaria ocurra, el sistema simpático ya se ha encargado de activar todo el cuerpo: ha aumentado la actividad y la tensión muscular, ha hecho que el corazón lata más rápido, que la respiración se acelere, ha aumentado la sudoración y probablemente tu pensamiento se haya centrado en lo más urgente en ese momento: volver a casa.

Esa es básicamente la respuesta simpática, tan característica del miedo. Sin embargo, piensa ahora en cuando alguien te falta al respeto gravemente y sin venir a cuento (esa tensión en los puños, las palpitaciones en las sienes, la respiración entrecortada y la mirada atenta y desafiante no dejan lugar a dudas, una respuesta simpática). Recuerda también aquellos momentos en los que estabas corriendo tu circuito diario, a punto de ganar al pádel o muy cerquita de experimentar un buen orgasmo… tensión muscular, taquicardia, hiperventilación, sudoración y concentración. Las características básicas de la activación.

La respuesta de ansiedad o activación es una herramienta básica que nuestro cuerpo pone en marcha ante cualquier evento (objeto, persona, situación, frase, pensamiento…) lo suficientemente peligroso o desafiante para que requiera de todos nuestros recursos. Aunque existen matices diferentes, suele desencadenarse en esas situaciones: amenazas, actividad física y excitación erótica.

Por su parte, la respuesta parasimpática o de relajación acude para deshacer los efectos del sistema simpático: relaja los músculos y el corazón, hace la respiración más lenta y profunda, regula la sudoración y distrae nuestra atención. Piensa en lo bien que sienta llegar a casa sano y salvo, decirle a alguien que se vaya a la porra, la sensación de placer tras media hora de deporte o media hora de relaciones eróticas.

¿Para qué sirve? ¿Qué tiene de bueno?

Y aquí es donde tenemos la clave. La ansiedad/activación sirve para prepararnos y mejorar nuestra actuación ante tareas que por lo que sea necesitan que estemos activos, tareas complejas o relevantes… Por lo que en principio, la ansiedad es algo positivo para el cuerpo. Correr para huir de un animal que nos ataca está bien, atacar para defender nuestro cuerpo de un asaltante también, nadar quince series para mantener nuestro cuerpo en forma o masturbarse, lo mismo.

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Ley de Yerkes-Dodson (2)

Es más, en Psicología hay poquitas leyes, pero una de las más contundentes es la Ley de Yerkes-Dodson, donde básicamente se establece que con niveles bajitos de ansiedad (recién levantados de una siesta, empanados una mañana de domingo) tendremos poco éxito en nuestras tareas (por ejemplo, un examen o una conversación intensa), pero tampoco con niveles altos de activación (en plena crisis, muy nervios@s) tendremos éxito. Se necesita un nivel óptimo de activación o ansiedad para rendir. Si queremos tener éxito en un examen de matemáticas, en uno de conducir, organizando en casa una cena de Navidad para veinte personas… no podremos estar ni a verlas venir, ni al borde de un ataque de nervios.

Podemos entonces hablar de una ansiedad buena cuando es funcional, nos acerca a nuestros objetivos; eficaz, con el mínimo gasto en recursos; y adaptativa, se adapta a nuestro entorno. Esta es la ansiedad que lleva a los actores y actrices a ponerse delante de miles de personas, a estudiantes a aprobar una oposición, a nosotr@s mism@s a conducir con éxito por las calles de nuestra ciudad, etc.

Pero también, hablaremos de una ansiedad mala si esta activación se nos va de las manos, nos impide conseguir nuestros objetivos (disfuncional), no se adapta a nuestro entorno (desadaptativa) o consume muchos de nuestros recursos (ineficaz). Esta es la ansiedad que lleva a los actores y actrices a bloquearse al hablar en público, a estudiantes a salir del aula entre lágrimas por haberse quedado en blanco o a nosotr@s mism@s a conducir por las calles gritando y siendo gritados.

¿Por qué tiene tan mala fama entonces? Bueno, porque a regular la ansiedad se aprende a lo largo de toda la vida, y no todo el mundo aprende igual.

¿Cómo se aprende a manejar la ansiedad?

Lamentablemente, no existe una forma única. Depende de cada persona, de lo que le vaya tocando vivir y de lo que aprenda de estas experiencias, puesto que todo el mundo se enfrenta a situaciones peligrosas o desafiantes. No obstante, hay algunas claves:

Eventos críticos

En algunos casos, la mala gestión de la ansiedad empieza por una experiencia crítica en la que no se sabe cómo manejar la ansiedad o en la que se asocia la ansiedad con situaciones en las que no debería sentirse ansiedad usualmente.

Imagina a dos amigos (Mario y Diego) que sufren un atraco en un cajero. Ambos empiezan a experimentar síntomas simpáticos (taquicardia, acaloramiento), a imaginar vívidamente que el atracador les clava la navaja que sujeta y a pensar básicamente “ya está, voy a morir”. Finalmente, el hombre huye con todo el dinero y los colegas se quedan sólo con el susto.

En principio, es una situación en la que cualquier persona sentiría la respuesta de activación/ansiedad y con razón. Ha sido funcional, adaptativa y eficaz (con tan sólo un susto, han conseguido evitar una lesión).

A partir de ese momento, Diego comienza a ponerse nervioso (taquicardia, sudoración) cada vez que tiene que sacar dinero. Pero Mario apenas nota nada. Un episodio crítico de ansiedad puede haber originado una mala gestión de la ansiedad.

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Un evento crítico puede desencadenar una respuesta de activación/ansiedad que no se sepa manejar (3)

Estrategias

Justo la siguiente vez que Diego y Mario tuvieron que sacar dinero ambos recordaron lo ocurrido y empezaron a sentirse mal. Recordar eventos peligrosos también despierta nuestra activación. Mario se dijo a sí mismo: “es normal que me sienta así, puedo superarlo”, se calmó y consiguió sacar dinero, “bien hecho Mario” se felicitó después.

Pero Diego, en el momento de sentirse mal empezó a pensar “ya está, como la otra vez, no puedo soportarlo” y fue incapaz de sacar dinero. De hecho, se dio la vuelta y volvió a casa abatido. “Lo ves Diego, no ibas a poder sacar dinero”, se dijo a sí mismo.

Las estrategias de afrontamiento son clave para mantener una mala gestión de la ansiedad. Como norma general, evitar y escapar de situaciones que nos alteran, hacen la ansiedad más fuerte. Diego dejó de sacar dinero de los cajeros cerrados, pero al poco tiempo, dejó también de ir a los cajeros abiertos, dejó de pasar cerca de cajeros, dejó de salir a la calle. Puede parecer exagerado, pero a veces ocurre.

Otras estrategias ineficaces para gestionar la ansiedad que podría haber desarrollado Diego: tomar ansiolíticos cada vez que tuviera que sacar dinero, enfadarse consigo mismo y darle patadas al cajero o martirizarse con pensamientos de culpa, asegurarse constantemente de que nadie entra en el cajero mientras está el, etc. Además, la repetición y aprendizaje de estrategias puede resultar en la creación de hábitos.

Cómo reaccionemos ante situaciones que despiertan nuestra ansiedad/activación resulta crucial a la hora de manejar un problema.

Aprendizaje social

Los padres de Mario no eran excesivamente “preocupones”, los de Diego sí. Desde que era pequeñito le ponían siempre en el peor de los casos (“Cariño, no te subas ahí, que te puedes caer y matarte”), le advertían de peligros (“Ten cuidado”, “Llama cuando llegues”) o cuestionaban sus habilidades (“No vas a poder hacer eso tú solo”), etc.

La madre de Diego siempre se enfadaba, gritaba y ridiculizaba a los demás cuando se ponía nerviosa. El padre se callaba y no decía nada. Además Diego sufrió acoso escolar en el instituto. Además… ¡No le vamos a hacer sufrir más! Está claro que distintas experiencias a lo largo de nuestra vida empeoran o favorecen algunas estrategias que ponemos en marcha para gestionar nuestra ansiedad.

En consulta no nos sorprende que cuando una persona nos cuenta sus dificultades con la ansiedad, otro u otros miembros de la familia tengan perfiles similares. Y es que aprendemos más de lo que creemos.

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La ansiedad es una respuesta que le ocurre a todo el mundo (4)

En resumen, la ansiedad es una respuesta normal, frecuente y que le ocurre a todo el mundo; que su objetivo es poner en marcha nuestro organismo y pensamiento ante situaciones peligrosas, desafiantes o difíciles; y que la forma en que la manejemos, será la clave para que la vivamos de forma negativa o no.

Daniel Santacruz García.

Psicólogo Sanitario y Sexólogo en el Centro de Psicología Terapia y Más.

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Imágenes:

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(4) photo credit: Adi Korndörfer <a href=”http://www.flickr.com/photos/94881215@N07/25958071005″>”Collecting my sorrows”</a> via <a href=”http://photopin.com”>photopin</a> <a href=”https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/2.0/”>(license)</a>