Cuando la relación de la pareja se va consolidando, el trato con las familias de origen del otro/a puede hacerse más frecuente y significativo.

Sobre todo al inicio de la vida en común suelen comenzar las “obligaciones” con ambas familias y es habitual que aparezcan diferencias o conflictos en la manera de entender la relación con las familias de origen. Uno puede tener bastante con una visita mensual y para otro puede ser necesario visitar a sus padres o hermanos/as varias veces en semana. Unos padres pueden respetar los nuevos espacios y tiempos de la pareja y otros pueden entender que la casa de la pareja es una extensión de la suya y estar de visita diariamente y sin previo aviso. LLega el momento de alcanzar acuerdos de pareja.

Son muchas las parejas que deciden pasar parte de sus vacaciones junto a las familias de origen, por gusto o por necesidad. No siempre es fácil afrontarlas sin tensiones o conflictos, que pueden venir de antes o que pueden aparecer en esos días de convivencia.

¿Qué tal si aprovechas estas vacaciones para resolver conflictos y reforzar los lazos familiares? Aquí te presentamos unas pautas para que estas vacaciones sean una oportunidad de mejora:

1 Alcanzar acuerdos. Algunas parejas van alcanzando los acuerdos de manera implícita y, sin apenas darse cuenta, van organizando las relaciones con sus respectivas familias. Pero en otras ocasiones, sobre todo cuando existe malestar o tensión, es necesario establecer acuerdos explícitos con los que ambos miembros se sientan conformes. Por ejemplo, acordar que, aunque vais de vacaciones con la familia, vais a reservar tiempo para la pareja y saldréis a cenar a solas dos veces por semana, o a solas una vez a la semana y con vuestros hijos/as otra… Por supuesto, habrá que hacérselo saber a la familia antes de ir para evitar malentendidos.

2 No sobrevalorar a la propia familia ni infravalorar a la del otro. Valorar a los familiares y reconocer sus aspectos positivos y sus limitaciones permitirá tomarlos como modelos para aquellas características satisfactorias y desechar las que no se desean. No compares a tu familia con la de tu pareja; ninguna es mejor que la otra. Intenta comprender y respetar las costumbres, educación y estilo de vida de tu familia política porque así estarás respetando las raíces de tu pareja. Por ejemplo, en lugar de decir “Es que tus padres no nos dejan tranquilos, no respetan nuestros tiempos mientras que los míos sí lo hacen” intenta expresarlo desde tus necesidades y en positivo “Me encantaría que, además de estar con tus padres, aprovechemos estos días para pasar ratos solos, ¿qué te parece si salimos dos veces por semana a hacer algo los dos juntos sin nadie más?”.

3 Ser flexible. La tendencia a considerar que lo que cada uno siente, piensa o hace es lo normal distorsiona la percepción del otro. Expresa tus sentimientos, emociones y propuestas y recibe las de tu pareja para poder establecer vuestra norma consensuada. Imagina que cuando negocias con tu pareja si salir una o dos veces por semana a cenar a solas mientras estáis con su familia, él o ella te dice que para ahorrar piensa que deberíais cenar todos los días con su familia. Siempre se puede negociar, podéis salir a tomar café o a pasear varias veces por semana los dos solos, puedes pedir organizar tú las vacaciones del año que viene, etc.

4 Poner límites. Una vez que la pareja haya acordado el tipo de relación que desea establecer con sus familias de origen, será necesario aclarar a ambas familias hasta qué punto pueden participar en los temas de la pareja. Conviene que cada miembro hable con su familia y aclare que la pareja valora su opinión, pero que hay temas en los que no deben ni desean que se involucren. Aclarar también que la pareja se concede prioridad recíproca, que es independiente de las familias de origen y que eso supone cambios en el tipo de relación que han tenido hasta el momento. Explica a tu familia de origen cuál es es el nuevo acuerdo que habéis establecido, por ejemplo, “Hemos decidido que en vacaciones vamos a disponer de tiempos para la pareja y saldremos a  solas dos veces por semana”.

5 Evitar discusiones con la familia política. Si alguna actitud de tu familia política te molesta o te incomoda, habla con tu pareja antes de crear un conflicto. Procura que sea el otro quien trate de comunicar a su familia la necesidad de que cambien determinadas actitudes con respecto a ti. Por ejemplo, si la madre o padre de tu pareja insisten en que comas o bebas más de lo que quieres, puedes comentárselo a tu pareja cuando estéis a solas en lugar de generar un conflicto en la mesa. Quizá tu pareja tenga más tacto a la hora de resolver problemas con su propia familia y sus familiares reciban mejor el mensaje si viene de la propia familia que de la otra parte.

6 Respetar la relación de tu pareja con su propia familia. Si no es posible una relación armoniosa, al menos intenta conceder al otro la libertad para que organice la relación que desea tener con su familia. Recuerda que la relación que tiene tu pareja con su familia no tiene que ser como la que tienes tú con la tuya. Por ejemplo, podéis pasar parte de las vacaciones en pareja y otra parte cada uno con su familia de origen.

Trucos para superar tensiones con la familia política

  • Siempre me están diciendo lo que debo hacer. Anticípate a las posibles observaciones y reproches y planifica cómo responderles; te ayudará a afrontar la situación de forma relajada. Aprovecha el momento para agradecer la preocupación y tranquilizar diciendo que les pedirás consejo y ayuda en caso de necesitarlo.
  • Necesitan un acompañamiento constante. Si hacen demasiadas exigencias de tiempo compartido, es importante que seas honestos con ellos/as. Explícales cómo te sientes y qué cambios deseas que se produzcan. No es tan importante la cantidad de tiempo compartido como la calidad del mismo. Explica que deseas pasar tiempo juntos, pero que necesitas poder decidir cuándo y cómo.
  • Compiten conmigo por mi pareja. Si te percatas de que estás cayendo en una relación de lucha de poder, evita poner a tu pareja en contra de su familia. Es más eficaz que aceptes que son un poco posesivos, ya que los padres se sienten en la obligación de seguir cuidando al hijo/a. No caigas en comparaciones y recuerda que tu relación de pareja es diferente a la que tiene con su familia.

La pareja funcional es la que es capaz de defender sus fronteras sin necesidad de aislarse del mundo exterior. Vale la pena que ambos colaboréis para que las estancias en la casa de la familia del otro sean lo más agradable posible. Una buena relación con las familias de ambos enriquecerá el mundo de la pareja y evitará tensiones, discusiones o problemas entre sus miembros.

Julia Silva García. Psicóloga de Terapia y Más.

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