Tras una temporada de desconexión, tranquilidad y ocio, tanto padres/madres como hijos/as hemos de esforzarnos para recuperar el ritmo que nos requieren las actividades cotidianas y cumplir con las obligaciones y exigencias del día a día. Mientras los adultos tienen que habituarse a volver al trabajo y/o a las tareas domésticas, los pequeños han de hacerlo a los madrugones, el colegio, los deberes y las actividades extraescolares. El cambio brusco, de disfrutar de mucho tiempo sin tener que cumplir apenas exigencias a todo lo contrario, puede dar lugar a que tu hijo/a se sienta estresado/a. Enseñándole a manejarlo, la vuelta al colegio no tendrá porqué ser una fuente de estrés.

¿Qué es el estrés?

Aunque la palabra estrés se utiliza en muchas conversaciones, se trata de un mecanismo automático que aumenta los niveles de activación física y psicológica ante una demanda, propia o del entorno. Por ejemplo, una demanda propia sería pensar en que hemos de hacer perfecta una exposición en clase y una externa, que nos dijeran que mañana vamos a tener que hacer cuatro exámenes.  Ante estas situaciones, la persona puede pensar que está perfectamente capacitada para desempañar las actividades, y su nivel de activación no sufriría apenas cambios, o que no tiene ni el tiempo ni los recursos necesarios para cumplirla, y el cuerpo y la mente se activarían para asegurarnos disponer de energía para ejecutar la tarea. Sin embargo, cuando la activación es demasiado elevada y/o sostenida durante mucho tiempo, en lugar de ayudar, lo que genera es gran malestar físico (dolores de cabeza, musculares, malestar estomacal, etc.), psicológico (sentimientos de impotencia, pérdida de autoestima, cambios de humor, entre otros) e incluso problemas sociales (estar irascible con los demás, aislamiento, mostrarse violento, etc.).

Ante este estado, la persona realiza intentos para superar la situación. Si cuenta con los recursos necesarios, puede superar su estrés y volver a un estado de relajación. Sin embargo, a veces las herramientas de las que dispone no son adecuadas, con lo que no consigue relajarse. Si la situación de estrés se prolonga, llega a producir serias interferencias en la salud -física y psicológica- y puede repercutir en las relaciones.

DIFERENCIAS ENTRE EL ESTRÉS Y OTROS ESTADOS DE ÁNIMO
ESTRÉS Es una respuesta que se activa cuando la persona es expuesta a una fuerte presión ambiental para la que no tiene tiempo y/o recursos para ejecutarla de manera eficaz, lo que suele generar malestar.
MIEDO Es una emoción instantánea y automática que se activa ante un peligro inmediato y nos prepara para la acción (huida o lucha).
ANSIEDAD Es la emoción de miedo o temor con mayor intensidad y de forma más duradera.
FOBIA Miedo extremo y desproporcionado que se activa ante un estímulo determinado (como las arañas, las alturas, los espacios cerrados).  Es irracional, involuntario y de gran intensidad.

¿Qué situaciones pueden producir estrés en el/la niño/a?

El estrés depende en gran medida de la valoración que realicemos de la situación. Los/as niños/as interpretan la realidad desde una perspectiva diferente a la de los adultos. Lo que para tu hijo/a puede ser una situación amenazante, para ti puede pasar desapercibida. Algunas circunstancias que pueden ser fuente de estrés para tu hijo/a son:

SITUACIONES QUE  PUEDEN SER ESTRESANTES PARA EL NIÑO
La falta de control de esfínteres.

La pérdida de alguno de los padres.

Perderse o dejarle solo/a.

Sufrir acoso por parte de compañeros.

Ser el último en lograr algo (en la clase, en juegos, en deportes).

Ser ridiculizado por otros/as niños/as.

Observar peleas entre los padres.

Mudarse, cambio de colegio, de clase.

Tener que ir al médico, al dentista.

Hacer exámenes.

Hablar en público.

Romper o perder cosas.

Llegada de un/a nuevo/a hermano/a.

Llegar tarde.

Separarse de los padres.

Exceso de tareas escolares.

Gran cantidad de actividades extraescolares.

Paso de Primaria a Secundaria.

Enfrentarse a situaciones novedosas.

¿Qué señales pueden advertirte de que tu hijo/a se siente estresado/a?

Si tu hijo/a está sufriendo estrés, es probable que puedas detectar alguna de las siguientes respuestas:

Físicas:Aumento de la frecuencia cardiaca. Sudor de manos. Cambios en la coloración de la piel. Tensión muscular. Cambios en la temperatura. Respiración agitada, corta. Palpitaciones. Falta de respiración. Malestar estomacal. Nauseas, vómitos, falta de apetito o apetito excesivo. Dolor de cabeza. Orinar o defecar más de lo habitual. Temblores.

Motoras: Movimientos constantes e innecesarios de brazos y piernas. Tics. Tocarse el pelo, morderse las uñas, chupar los dedos. Morder y humedecer labios. Temblor de labios. Voz temblorosa. Tartamudear. Lentituz/rapidez del habla. Llanto. Gritar. Cerrar los ojos. Evitar contacto visual. Rigidez. Buscar proximidad física de personas de apoyo. Aferrarse al adulto. Decir que tiene miedo. Agredir verbal o físicamente. Distraerse fácilmente.

Pensamientos: Miedo a ser herido, al peligro, de desaprobación y autocrítica, de incapacidad e incompetencia o imaginar monstruos o personas malas.

 

REACCIONES DE LOS NIÑOS QUE NO SABEN CONTROLAR EL ESTRÉS
–          Lo acepta y se resigna porque vive la situación como fuera de su control y se somete a su destino.

–          Siente que no puede controlar la emoción y se descarga exteriorizándola de manera intensa.

–          Para compensar su frustración, busca fuentes alternativas de satisfacción.

–          Evita pensar en ello y recurre a fantasías o a negar la situación.

¿Cómo puedes enseñarle a controlarlo?

La reacción de tu hijo/a frente al estrés, va a depender de las características de la situación estresante, de cómo lo interprete y las herramientas de las que disponga. Puedes ayudarle a prevenirlo (o superarlo) prestándole tu apoyo y enseñándole a nuevas estrategias.

  • Anímale a hacer preguntas, a expresar sus temores o preocupaciones. Escúchale con atención, sin menosprecios ni críticas. Intenta ponerte en su lugar, comprendiendo que lo que para ti puede carecer de importancia, para él puede ser vital.
  • Enséñale a reconocer sus reacciones. Observa sus reacciones y presta atención a sus expresiones. Actúa como espejo de tu hijo, para que el pueda aprender a detectarlas.
ESTILOS POCO EFICACES DE ENFRENTAMIENTO AL ESTRÉS
DEPENDIENTE El niño muestra falta de autoconfianza, dificultad para aceptar las críticas, escasa asertividad y poca participación en actividades.
REPRIMIDO Se muestra extremadamente sensible, temeroso ante nuevas situaciones, tiene falta de confianza y se preocupa innecesariamente.
PASIVO-AGRESIVO Disminuye su rendimiento académico, posterga sus deberes, se muestra poco cooperativo y despistado.
IMPULSIVO Se vuelve exigente, desafiante, muestra dificultades en sus relaciones con otros niños, es excesivamente activo y descuida sus tareas
  • Enséñale a pensar o interpretar la situación estresante de manera diferente. Si detectas que está interpretando la situación como fuera de su control, aprovecha para enseñarle a relajarse y guiar su pensamiento, a modificar su diálogo interior por otro que produzca calma.
LOS PASOS  DEL DIÁLOGO INTERNO ADECUADO
  1. Preparación.

No hay razón para preocuparse. Lo superaré y estaré bien.

  1. Confrontación.

Organízate. Hazlo paso a paso y sin correr. Puedo pedir ayuda si lo necesito. Ya he salido de situaciones peores.

  1. Afrontar el miedo.

Relájate. Respira hondo. Presta atención a lo que tienes que hacer ahora.

  1. Anticipar consecuencias positivas.

Cuando haya pasado, ¡te sentirás genial!

  1. Reforzar el éxito.

¡Logrado! Lo has hecho muy bien. Has comprobado que puedes relajar la tensión.

  • Anticípate a las situaciones que pueden producirle estrés. Mantenle informado de posibles cambios (de colegio, de casa, de trabajo de uno de los padres, de situación familiar, etc.).
  • Actúa como modelo de reacciones positivas ante situaciones estresantes. Puede aprender a enfrentarse a las demandas observando las actitudes de los adultos. También puedes señalarle como actúan otros/as niños/as de su edad. Ten precaución y tacto al hacerlo para que no se sienta comparado.
  • Puedes pedirle que piense en un personaje de ficción que le guste y diga cómo cree que actuaría para vencer al estrés. También puede inventar un cuento en el que un personaje ha de enfrentarse a una situación estresante.  De esta forma, el/la niño/a pensará en estrategias que él/ella mismo/a puede utilizar.
  • Premia a tu hijo/a cuando se enfrente a la situación temida y procura no prestar excesiva atención a las reacciones inapropiadas para evitar que las mantenga.
  • Enséñale a administrar su tiempo. Realiza junto a él/ella un horario realista. Guía a tu hijo/a para que no se sienta desbordado/a por el exceso de actividades y obligaciones. Procura que todos los días le quede tiempo para el ocio y la relajación.
SÍNTOMAS DE FALTA DE ADMINISTRACIÓN DE TIEMPO
–          Precipitación.

–          Vacilación entre alternativas.

–          Fatiga y apatía tras horas de actividad no productiva.

–          Incumplimiento constante de compromisos.

–          Sensación de estar desbordado por las demandas.

 

  • Cuando haya exceso de demanda, aprovecha para enseñarle a establecer prioridades, a tomar decisiones, a solucionar los problemas y a desglosar las tareas en pequeños pasos para poder percibirlas como alcanzables. Esto le ayudará a centrarse en lo que ha avanzado más que en lo que le queda por hacer.
  • Intenta no descuidar los aspectos físicos. Crear hábitos adecuados de sueño, alimentación y práctica de ejercicio físico previene la aparición de estrés.
  • Si los síntomas y el malestar se mantienen, recuerda que en Terapia y Más podemos ayudaros.

 

Julia Silva García. Psicóloga de Terapia y Más.
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